viernes, 23 de mayo de 2008

TEILHARD DE CHARDIN

LUCES Y SOMBRAS EN TORNO A UNODE LOS IDEOLOGOS DE LA NEW-AGE

Uno de los puntales en los que encuentra inspiración el movimiento "New Age" es el jesuita Pierre Teilhard de Chardin hasta el punto que algunas tendencias lo reconocen como precedente y extraen de él buena parte de sus ideas y justificaciones (Sondra Ray, Robert Coon, etc.). Puede decirse que el movimiento "New Age" si acepta algo del cristianismo es la noción de Cristo Cósmico que plantea el padre Teilhard.

No se trata de un pensador fácil de leer, su obra se sitúa en el cruce entre la filosofía, la teolofía y la ciencia. Teilhard fue el primero en buscar argumentaciones científicas para sus intuiciones místicas, algo que posteriormente han hecho desde Fritjof Capra hasta Stanislas Grof y que antes ya había ensayado el abate Roca. Pero como todos los precursores su obra es discutida por muchos y, en su conjunto, las luces y las sombras se alternan de manera inquietante. Su figura, indiscutible en ambientes católicos progresistas hasta hace quince años, está hoy en revisión.

PRIMEROS PASOS

Nació en un castillo al oeste de Clermont, cerca del Puy-de-Dôme en el seno de familia aristocrática. Desde muy niño recibió una esmerada educación religiosa, sin embargo, también desde muy niño, su pensamiento estuvo escindido entre dos fidelidades que entraban en contradicción : el espíritu y la materia. El propio Teilhard de Chardin cuenta que "... a los seis o siete años empecé a sentirme atraído por la materia, o más exactamente por algo que "resplandecía" en el corazón de la materia". Explica que jugaba con piezas de hierro en las que veía algo que trascendía la mera materia y más adelante prosigue : "Me abstraía en la contemplación, en la posesión, en la existencia soberana de mi <>". A lo largo de toda su obra, como veremos, intentó resolver la contradicción entre espíritu y materia.
Con esa precoz mentalidad ingresó en el colegio de los jesuitas de Villefranche-sur-Saône, una escuela religiosa y aristocrática. Finalmente, terminaría entrando en la Compañía de Jesús, cuando la orden fue expulsada de territorio francés y la mayoría de sus miembros -con el propio Teilhard- pasaron a residir en la isla de Jersey.

En 1905 terminó sus estudios de filosofía y teología y en 1912 será ordenado sacerdote. En ese período gozó de cierta fama la obra del ya mencionado abate Roca, que inspiró presumiblemente parte del pensamiento intelectual de Teilhard. Enviado por la Orden como profesor a un establecimiento de El Cairo; allí, como producto de su admiración por la materia, empezará a interesarse por la paleontología. Son los años en los que las ciencias sufren un importante tirón : se empieza a teorizar sobre la radioactividad y, poco a poco, se va penetrando en la estructura atómica de la materia, en ese mundo que tanto seduce al padre Teilhard.

Años después escribirá que, desde su juventud, ya estuvieron claras las orientaciones que iba a mantener durante toda su vida : "De una y de otra parte de la Materia, la Vida y la Energía : las tres columnas de mi visión y de mi beatitud interiores". Sostiene que entre materia, vida e inteligencia, no hay ruptura, sino continuidad. El evolucionismo se iba imponiendo, poco a poco, en la época, y el padre Teilhard va estableciendo las bases de lo que será su concepción del mundo y que, casi podríamos llamar, un "meta-evolucionismo", es decir, una concepción de la evolución de los organismos, desde la materia inerte hasta el Espíritu puro.

Después de ser movilizado durante la primer guerra mundial y de participar en el frente como camillero, protagonizará el fraudulento caso de Piltow, del que hablaremos detalladamente más adelante. Luego, emprenderá una serie de viajes a Extremo-Oriente que le llevarán a excavaciones en China. Cuando regrese, será ya un hombre famoso y sus doctrinas, aun sin estar suficientemente cimentadas en datos objetivos, siendo más bien productos de una síntesis del pensamiento teológico y de doctrinas científicas, será mirado por simpatía extramuros de la Iglesia Católica, como el esfuerzo de un sector del clero intelectual, por adecuar progreso científico y fe cristiana.

EL ESCANDALOSO CASO DEL "HOMBRE DE PILDTOW"

A principios de siglo el evolucionismo no se había impuesto todavía como doctrina oficial ; si bien sus teorías sobre la evolución animal habían logrado seducir al mundo científico, cuando aludían al hombre, la oposición por parte de distintas confesiones y creencias religiosas era cerrada y, lo que es peor, apoyada en bases objetivas : efectivamente, no se había encontrado el "eslabón perdido" entre el simio y el hombre, hasta el punto que algún biólogo, irónicamente, pudo decir que el hombre era el animal más antipático para los darwinistas...

Los evolucionistas de la época dedicaron todos sus esfuerzos a encontrar esa cadena de eslabones perdidos que, vistas las diferencias entre el simio antropoide y el hombre, debían ser varios. Pero el pitecántropo -medio simio, medio hombre- no aparecía y lo que era peor, los evolucionistas habían hecho de su hallazgo una cuestión de principios, hasta el punto de que llegaron a falsificar distintos restos para presentarlos como los ansiados eslabones perdidos. Hay que recordar que, a principios de siglo, la ciencia aun no había establecido la datación por medio del carbono 14 y era imposible analizar la veracidad o falsedad de los restos. Los darwinistas de principios de siglo no eran esos mansos científicos que buscaban solo el progreso de la ciencia, atacados por el oscurantismo religioso... eran gentes capaces de mentir para demostrar la veracidad de sus afirmaciones ; frecuentemente estaban situados en el terreno de la filosofía positivista, anti-religiosa por definición y empeñada en demostrar la inexistencia de Dios a través de un ataque al "fijismo" o "creacionismo", doctrina que supone que las especies son inmutables y fueron creadas por Dios.

El padre Teilhard se encontró implicado en dos escándalos de falsificación de restos antropológicos. El más famoso, sin duda, fue el caso de lo que la ciencia dió en llamar "hombre de Piltow". Hasta los años cincuenta, los libros de textos de las escuelas enseñaban que en la población inglesa de Piltow se había encontrado el fósil de un hombre-mono al que se llamó "Eoantropus dawsoni", su cráneo era humanoide, mientras que la mandíbula de características simiescas, tenía una dentición que correspondía a las razas humanas actuales, especialmente el canino, radicalmente distinto del propio de un mono antropoide. La comunidad científica no dudó que se trataba del famoso eslabón perdido y así se enseñó en los libros escolares...

Pero en 1954 a alguien se le ocurrió realizar un análisis pormenorizado de los restos a la luz de las nuevas tecnologías de datación. El "Hombre de Piltow" no pudo soportar ninguan de las pruebas : se trataba de una burda falsificación. El cráneo simiesco era, efectivamente, del pleistoceno, pero la mandíbula correspondía a un humano muerto a principios del siglo XX, envejecido mediante colorantes químicos insertados mediante un proceso de cocción. Los famosos dientes habían sido limados para hacerlos corresponder con dimensiones y formas humanas ; en cuanto al canino, procedía de Francia. La articulación de la mandíbula con el cráneo, estaba rota y había desaparecido, seguramente para evitar que se pudiera advertir que no correspondía a la misma caja craneana ... ¿Qué había ocurrido ?

Charles Dawson en 1912 fue quien descubrió los restos del cráneo; en sus trabajos fue ayudado por Sir Paul Woordward y el padre Teilhard du Chardin. Dawson solo encontró la mandíbula falsificada tras la llegada del jesuita y, si bien es él quien encontró la mandíbula, no está comprobado que fuera él quien la falsificó. Al año siguiente, el propio Teilhard descubrió el polémico canino...

En su momento, el descubrimiento sacudió la conciencia de la humanidad y hoy nos resulta muy difícil intuir las repercusiones que tuvo, pero que no serían inferior al nacimiento de la microinformática : algo, efectivamente, que rompe con las creencias anteriores y supone una brusca innovación, un salto de gigante en la perspectiva científica. Buena parte de la fama de Teilhard du Chardin procede de este descubrimiento que proporcionó fundamentación científica a sus teorías. Cuando se descubrió la falsificación de Piltow, en los años 50, las culpas recayeron inmediatamente sobre Dawson, sin que las pruebas contra él fueran, en absoluto, concluyentes. Por entonces Dawson era solo conocido en reducidos medios científicos, mientras que el Padre Teilhard había alcanzado fama mundial por sus atrevidas teorías. Dawson, el eslabón más débil, pechó con la culpa de la falsificación. Sin embargo, no iba a ser la única.

EL "HOMBRE DE PEKIN", SEGUNDA SOMBRA

En 1927 volvió a repetirse el fraude. Davidson Black descubrió casualmente un diente humano en la maleta de un chino que vendía chucherías. El diente le llamó la atención por su presumible antigüedad ; supo que había sido encontrado en una cueva próxima a la ciudad de Chu-ku-tien. Black viajó a la cueva y no encontró nada nuevo; poco después, recibió la visita del padre Teilhard. Justo tras la llegada del jesuita se encontró un segundo diente. Los hallazgos fueron de tal calibre que la Fundación Rockefeller financió, por mediación de Teilhard, las excavaciones con una generosa entrega de 20.000 US$.

Esta aportación económica permitió proseguir los trabajos con más método. Se encontró una gruta con varios pozos, uno de ellos de siete metros de profundidad, repletos de cenizas mezcladas con algunos cráneos de monos, con la frente más amplia ; paradójicamente no se encontraron restos de fémures o vértebras, huesos que, como se sabe, se conservan mucho mejor que los cráneos.

Los paleontólogos dedujeron que si había cenizas y piedras, era porque los cráneos pertenecieron a individuos capaces de encender fuego y, gratuitamente, consideraron que, a la vista de los restos, eran hombres-mono... Poco después, en 1932, realizando nuevas excavaciones en la misma cueva, se encontraron, en el estrato superior, tres esqueletos completos de "Homo Sapiens" con los mismos tipos de piedra que habían sido encontrados en el pozo e interpretados como instrumentos del sinántropo : el hallazgo constituyó un golpe demoledor para demostrar la veracidad del pretendido eslabón perdido.

Sin embargo, los libros de texto infantiles siguen considerando al Hombre de Pekín como un antepasado del hombre actual. Afortunadamente para sus descubridores -Teilhard du Chardin incluido- en 1941, los restos del Hombre de Pekín fueron embarcados hacia EE.UU. pero desaparecieron por el camino, evitándose el amargo trago de la prueba del Carbono 14 que, sin duda, no hubieran soportado. El prestigio del padre Teilhard se hubiera desmoronado.
Estos dos episodios son voluntariamente olvidados en todas las biografías que le han consagrado sus partidarios. Si bien no existe ninguna prueba concluyente de que fuera el padre Teilhard el falsificador, lo cierto es que fue la única persona que vivió extraordinariamente de cerca ambos casos y que los hallazgos más polémicos se realizaron siempre en su presencia. Ningún detective precisaría muchos más datos para inculparlo por fraude científico. Es más, los dos hallazgos contribuyeron a cimentar sus distintas teorías sobre la antropogénesis, de tal manera que, podemos decir que si no fué él el falsificar, al menos la falsificación jugó a su favor. Es mismo detective hubiera afrontado la investigación preguntándose ¿a quién beneficia el delito ?...

DEL MICROORGANISMO AL CRISTO COSMICO.

En "Science et Christ", el padre Teilhard escribe : "La Evolución es hija de la Ciencia, al fin y a la postre, la fe en Cristo puede ser muy bien la que salvará mañana en nosotros el gusto de la Evolución". En estas pocas líneas están implícitas las tres dimensiones del pensamiento de Teilhard, la científica, la teológica y la mística.

Su concepto de la evolución va más allá del puramente biológico darwinista. Evolución es, para él, cualquier cambio o transformación de algo ; la evolución sigue distintos niveles progresivamente más complejos. Teilhard concibe el proceso de formación del Cosmos -su cosmogénesis- como un proceso dinámico y evolutivo siempre en movimiento ascendente. Dentro de esta cosmogénesis se desarrolla la biogénesis (nacimiento de la vida en el seno del universo material inanimado) que, a su vez, es seguida por la antropogénesis (aparición de la especie humana, a través de la línea ascendente de la evolución de los seres vivientes) ; pero el proceso no se detiene ahí. Su cosmogénesis no termina en la aparición del mono antropoiode, sino en la inclusión de éste en lo que denomina "noosfera" (del término griego nous, pensamiento), que es el terreno de la vida consciente propia del hombre. La diferencia entre el mono antropoide y el hombre, para Teilhard, no es otra que el desarrollo de una serie de habilidades, unida a la toma conciencia de sí mismo.

Tanto mayor es esa conciencia de sí, tanto mas queda perfeccionado el concepto de lo humano; así pues, la experiencia mística, supondrá la cima ansiada por la naturaleza humana, un punto que parece escapar a la materialidad y alzarse hacia algo que está mucho más allá de ella. Y aquí Teilhard introduce un nuevo concepto que explica cual es el impulso que guía esta nueva etapa de la evolución, la "amorización", esto es, el acto de impregnar a la sociedad humana en su actual etapa de desarrollo, con las energías del amor orientándolo a un fin cualitativamente superior. Es evidente que Teilhard ha tenido una experiencia mística similar a la que Arthur Koestler describió como "conciencia oceánica", esto es, un estado de conciencia, diferenciado de la ordinaria, en la que el observador ha logrado escapar a una percepción dual del universo y se sitúa más allá de toda contradicción, sin conflictos, ni rupturas ; del mundo de la dualidad ha pasado al de la Unidad, al del Todo. Este tránsito hace que el místico perciba el universo como armonía o amor. La lectura de los textos de Teilhard induce a pensar que, a lo largo de toda su vida, intentó racionalizar en clave científica, una apertura interior de conciencia, probablemente expontánea o generada por algún traumatismo existencial (acaso la experiencia vivida en las trincheras durante la Primera Guerra Mundial) o quizás por su condición de sacerdote y jesuita (meditando según las indicaciones del fundador de la Orden, San Ignacio de Loyola).
La "amorización" abre las puertas a la fase final del proceso evolutivo, lo que Teilhard llama "Punto Omega".

PROFETA DE LA NUEVA ERA. SU INFLUENCIA : EL PUNTO OMEGA

Llegado a este límite, Teilhard quiere superar el estadio de la física y del resto de ciencias de la materia, para alcanzar un nivel que se sitúa más allá de estas ramas del saber, pero más acá de la metafísica. Es lo que llama "ultra-física" y que concibe como un estadio sintético del conocimiento científico que se preocupa, no solo de los fenómenos observables, sino del sentido global del universo.

Una parte esencial de la "ultra-física" es el concebir el sentido de lo humano en la etapa siguiente de la evolución que nos lleve a un estadio superior al actual. Es lo que llama "lo ultra-humano". Teilhard lo percibe como un estadio post-personal. En efecto, en su presumible experiencia mística, sintió aquello que han experimentado los místicos y los meditadores de todos los tiempos : la disolución de la personalidad en el todo cósmico. La abolición de las barreras del mundo de la dualidad que conlleva la experiencia mística, acarrea igualmente la destrucción de la diferencia entre el Yo y el no-Yo. La persona siente fundirse con el Cosmos y Teilhard, nuevamente, intenta dar a esta experiencia mística, una interpretación a medio camino entre la ciencia y la teología. Este es el aspecto más problemático de su concepción del mundo, pero también el que ha atraido más interés por parte de los intelectuales de la "New Age".

El estadio final de la evolución del cosmos se encuentra en lo que Teilhard llama el "Punto Omega", en alusión a la última letra del alfabeto griego y a la frase bíblica en donde Dios dice "Yo soy el Alfa y el Omega, el principio y el fin". La marcha hacia Dios es el fin último del proceso evolutivo y la razón de ser del Cosmos. La evolución de los distintos organismos vivos converge en Dios. La humanidad es hija de Dios, derivada de El, vuelve a El ; de ahí que la teología de Teilhard identifique humanidad con Cristo.

En su proceso de perfeccionamiento, la Humanidad irá aboliendo las barreras personales entre unos y otros seres ; es lo que Teilhard llama el ?proceso de socialización? (tendencia de la humanidad a constituir una comunidad humana cada vez más organizada y unificada). De la misma forma que el mono antropoide evolucionado, un día llegó a tener conciencia de sí mismo, la humanidad del futuro, siguiendo este proceso de ascensión y convergencia, acabará teniendo una conciencia colectiva y unitaria. Y esta conciencia le otorgará la naturaleza de Cristo. La "cristogénesis" de Teilhard implica que la humanidad del futuro es el "Cristo Cósmico" o "Cristo Universal" : Cristo encarnado en una humanidad que, teniendo conciencia de sí misma, y siguiendo la lógica evolutiva -siempre en busca de estadios más avanzados y perfeccionados de desarrollo- termina identificándose con Dios.

En ese momento se habrá llegado al "Punto Omega", límite máximo y punto de convergencia de toda la Evolución.

Cambiando algunos términos, en especial aquellos que están íntimamente ligados a las concepciones católicas de las que parte Teilhard, se puede percibir sin mucho esfuerzo que su teorización fue aprovechada por los intelectuales de la "New Age". Lo que Teilhard llama "socialización" es la tendencia global que los "newagers" atribuyen a la Era de Acuario, que consideran era de la humanidad por excelencia. El concepto de "cambio de paradigma" que Teilhard no menciona con estas palabras, está sin embargo implícito en su visión del mundo, cuando dice que cada nivel evolutivo contribuye a un cambio global de perspectiva. Cuando Teilhard dice en su libro "La Misa sobre el Mundo" que hay fuerzas que nos hacen contemplar el rostro de Dios, pero solo otras suficientemente intensas permiten que "despertemos en el seno de Dios", aludiendo con otras palabras a la diferencia entre exoterismo y esoterismo, entre la creencia en Dios y en la Trascendencia de un lado y en la experiencia de la Trascendencia en el propio corazón de lo humano, esto es, lo que la "New Age" considera un "estado diferenciado de conciencia".

¿SACERDOTE MATERIALIZADO O MATERIALISTA ESPIRITUALIZADO?

Hasta aquí el pensamiento y la obra de Teilhard de Chardin, con sus luces y sus sombras, con sus intuiciones geniales y las sospechas planeando sobre algunos de sus hallazgos. No importa, nadie puede negarle el ser el precursor de algo que otros muchos, después de él, han divulgado y reescrito en términos más accesibles para el público y desde perspectivas situadas extramuros del catolicismo romano, en el cual Teilhard siempre permaneció, si bien en sus márgenes.
El padre Teilhard no fue en absoluto apreciado por la teología católica. El 30 de junio de 1962, casi una década después de su muerte, el Santo Oficio publicó una réplica a su filosofía de la vida, justo en los momentos en que su obra gozaba de mayor prestigio y popularidad : "... en el plano filosófico y teológico, sus obras están repletas de ambigüedades e incluso errores graves que ofenden a la doctrina católica".

La réplica afecta, fundamentalmente a las cuestiones de teología, excepto en un punto de carácter más universal y metafísico. El Santo Oficio identificó el eslabón más débil en la cadena de razonamientos de Teilhard : su concepción del espíritu como un estado evolucionado de la materia. Una concepción que es implícitamente compartida por los exponentes más brillantes de la Nueva Era.

Teilhard fue, a nuestro modo de ver, un producto de su tiempo. Su interés por dar un contenido católico a la doctrina de la evolución fue motivado por los excesos de la polémica evolucionismo-fijismo de principios de siglo ; como teólogo y hombre de ciencia que era, intentó conciliar ambos puntos de vista. Por lo demás, eran también los tiempos en los que la Internacional Comunista efectuaba su gran embestida en los años 20. Teilhard era consciente que el marxismo se apoyaba en una doctrina pretendidamente científica, racionalista y economicista hasta lo inhumano, que ganaba adeptos entre la intelectualidad ; Teilhard intentó contrarrestar la visión del mundo del marxismo con una cosmogénesis que, salvando los aspectos que consideraba esenciales en el catolicismo, le diera una fundamentación científica. En rigor hay que decir que no lo consiguió... El Santo Oficio en 1962 dió constancia que "...sus escritos, en numerosos puntos, están mas o menos en oposición con la doctrina católica". Hasta el siglo XVIII sus libros hubieran resultado quemados... y, posiblemente, también él hubiera sufrido el mismo destino.

Desde nuestro punto de vista, el error de Teilhard consistió en intentar racionalizar y buscar una fundamentación científica a aquello que es una experiencia interior. Un viejo cuento sufí explica que un místico se fue al desierto a meditar y vió a Dios. Al volver sus conciudadanos le preguntaron : "explícanos lo que has visto". El, mediante aproximaciones y parábolas intentó dar una visión aproximada. Algunos de quienes le oyeron, fundaron una nueva religión y estuvieron dispuestos a morir y a matar por su fe. Pero ¿cómo unas pobres palabras pueden describir la experiencia de lo Divino ?. A Teilhard le ocurrió otro tanto : ¿cómo las ciencias físicas pueden interpretar lo que está más allá de ellas y en otra dimensión, la meta-física? Entre ambas áreas del conocimiento existe una experiencia cualitativa y no solo un grado de evolución. Lo que interesa al místico es la vivencia mística, no racionalizar los procesos mediante los cuales ésta se genera. De hecho, las escuelas místicas de todos los tiempos han prescrito el silencio y el secreto ; los taoistas incluso han explicitado que "quién habla de la Vía, se aleja de la Vía". Teilhard se perdió en su intento de explicar "la Vía" y su destino.

LAS FUENTES DE TEILHARD: EL ABATE ROCA

No existe ni una sola biografía de Teilhard de Chardin, ni un solo comentarista de su obra que la haya vinculado a los trabajos del abate Roca. Roca es, en el fondo, un semidesconocido incluso en los medios ocultistas actuales; sin embargo, existe tal cantidad de paralelismos que no cabe poner en duda que Teilhard de Chardin conociera su obra y que tomara de él algunas ideas esenciales. Roca era católico, ocultista, socialista y pretendía lograr un entendimiento entre la iglesia y el racionalismo representado por la masonería. La obra completa de Roca jamás se ha editado en otra lengua que el francés y nunca ha sido reeditadas. Su lenguaje, por lo demás, es el propio de las agrupaciones ocultistas de finales del siglo pasado, sin pretensiones científicas, sin interés en ser aceptado por los grandes foros culturales de su tiempo, sino solo por aquellos a quienes iba dirigido su obra. A diferencia de Roca, Teilhard tiene la habilidad de volver "presentables" las ideas del primero, darles una altura científica y teológica y rescatarlas del olvido en el que habían caído a poco de ser publicadas.

Nacido en 1830, Roca había sido educado en los carmelitas y prosiguió su formación religiosa en el seminario siendo ordenado sacerdote en 1858. En 1869 fue nombrado canónigo honorario de Perpignan, cuya proximidad a la frontera le permitirá viajar frecuentemente a España en donde residirá durante un período; en nuestro país se vinculará con medios socialistas utópicos que le impregnarán con su humanismo mesianista. También residirá durante algunos años en Estados Unidos, Suiza e Italia. En el curso de todos estos viajes aprovecha para forjarse una amplia cultura ocultista para la que intenta ganar a sus alumnos -es profesor en varios colegios religiosos- y a otros sacerdotes. A poco de concluir el Concilio Vaticano I, tras haberse declarado contrario al Decreto de Infalibilidad Papal, es suspendido a divinis.

Roca no había sido el primer sacerdote en pasar a las filas del ocultismo. En los últimos años del siglo XIX y primeros de este, toda una cohorte de sacerdotes franceses se sintieron ganados, no solo por el ocultismo, sino muy frecuentemente por el satanismo. Antes de que Stanislas de Guaïta, fundara su Orden Kabalística, el ex-abate Lacuria ya difundía textos rosacrucianos. El abate Jeannin había abierto una librería en la rue de Trevise, que no tardó en convertirse en un santuario de agnósticos y librepensadores. Por su parte, el abate Sauniere, del pequeño pueblo de Rennés-le-Château y sus otros dos compañeros de andanzas, el abate Boudet y el abate Gellis, terminaron moviéndose en el entorno de la Rosa Cruz de Josephin Peladan, mientras que otros sacerdotes belgas habían terminado vinculados a grupos satanistas. Roca, por su parte, frecuentó sociedades secretas ocultistas, martinistas y cabalísticas. En todas estas organizaciones, era apreciado y frecuentemente requerido para que pronunciara conferencias e impartiera cursos, no solo en la Escuela Esotérica de "Papus", sino en otros cenáculos parisinos. Los ocultistas admitían que todo sacerdote, por el rito mismo de la ceremonia de ordenación, recibía un carisma sobrenatural que ni siquiera la excomunión papal podía sustraerle. Roca gozó de la amistad, la confianza y la camaradería del colegio rector de la Orden Kabalística de la Rosa Cruz, en especial, de su alma, Stanislas de Guaïta a quien saludaba en un escrito diciéndole: "Mi muy querido hermano en Jesucristo: No reniego de ninguno de los principios de vuestra enseñanza que es la mía. Estamos de acuerdo, mi querido hermano, en todos los puntos de la doctrina esotérica". Colaboró en "El Velo de Isis" y en "La Iniciación", no solo con escritos sino ampliando su difusión en los medios católicos a los que tenía acceso. Afirma no reconocer otra "iniciación" que la que "la Cristo hizo a los doce y luego a los setenta y dos".

Como precursor de otras tendencias que eclosionaron en el seno de la Iglesia durante la segunda mitad del siglo XX, Roca fundó una revista titulada "El Socialismo Cristiano"; poco después escribía al franc-masón y ocultista Oswald Wirth una carta presentándole la revista: "No necesito deciros que "El Socialista Cristiano" no tiene otro objetivo que el de favorecer la iniciación de los sacerdotes y de los católicos al conicimiento del esoterismo que es la ciencia oculta y trascendente no ya de la letra, cuyo reinado ha concluido, sino del Espíritu, cuyo reinado empieza". En tres libros -"El Cristianismo, el Papa y la Democracia", "El glorioso centenario" (de la Revolución Francesa), y, fundamentalmente en "El final del mundo antiguo"- Roca presenta sus ideas que sintetizan tres conceptos: cristianismo, ocultismo y socialismo. Cuando el marqués Saint Yves d'Alveydre, difundió las ideas sobre la sinarquía (etimológicamente, mando de muchos), Roca se adhirió entusiásticamente hasta el punto de que Saint Yves agradecido, le envió una carta de felicitación por su obra "El final del mundo antiguo". Escribió una apasionada carta al Gran Oriente de Francia e la que se manifestaba sinarquista convencido: "A la anarquía que, tanto en religión como en política nos viene dividiendo, tiene que suceder pronto la sinarquía, es decir, el reino impersonal de la ciencia, de la justicia y de la economía sociales, gobernadas por instituciones impersonales en que los principios lo sean todo y los príncipes, por muchos ropajes y colorines que lleven encima, no sean nada".

Roca era lo suficientemente inteligente como para advertir que, aun compartiendo las ideas ocultistas, las organizaciones que las defendían no eran lo suficientemente fuertes como para afirmarlas, así que era preciso impregnar a la franc-masonería con esas ideas. En principio existían suficientes puntos comunes entre ocultismo y franc-masonería para que no se tratara de una tarea imposible. El sincretismo masónico debería de abrir las puertas a un culto universal que unificara "ciencia" e "iniciación". Este nuevo culto religioso tiene como dios supremo, no a un ser individual, sino a la propia Humanidad: "La humanidad que, a mis ojos, se confunde con Cristo de un modo mucho más real de lo que los místicos habían creído hasta ahora", escribe Roca, en "El final del mundo antiguo", y más adelante: "Si Cristo-Hombre es, como el Verbo encarnado, Hijo único de Dios, es también, en consecuencia, el Universo entero y, especialmente toda la Humanidad o, mejor dicho, la innumerable serie de las Humanidades viajeras".
Progresivamente Roca fue afinando estas ideas hasta llegar al Congreso Espiritualista Internacional celebrado del 9 al 16 de septiembre de 1889 en el Gran Oriente de Francia, bajo la presidencia de honor de la duquesa de Pomar (lady Caithness). Allí Roca dijo: "Mi Cristo no es el del Vaticano", explicando que "Cristo evoluciona y se transforma. Nadie detendrá el torbellino de Cristo, nadie frenará el tren de la evolución que Cristo conduce por los mundos y que lo arrastrará todo". Los dogmas evolucionan con él, ya que son "algo viviente como el mundo, como el hombre, como todo ser orgánico". Es imposible no realizar un paparelismo con la idea teilhardiana del "Cristo Cósmico". Tanto para Teilhard como para Roca, "Cristo es el Hijo único de Dios, la esencia misma de todo el universo visible e invisible, manifestado en la Humanidad, identificado con ella".

A partir de su excomunión, Roca impregnó todos sus libros con un creciente espíritu antipapista: "El nuevo orden social -había escrito, por ejemplo- se implantará al margen de Roma, sin Roma, a pesar de Roma, contra Roma (...) El viejo papado, el viejo sacerdocio, abdicará de buena gana ante el Pontificado y ante los sacerdotes del futuro, que serán los del pasado convertidos y transfigurados con vistas a la organización científica del Planeta a la luz del Evangelio". Roca es también precursor de la "teología de la liberación". El 26 de julio de 1891 había escrito en su revista "El Socialismo Cristiano": "El cristianismo puro es el socialismo, el socialismo evangélico". Donde Teilhard habla de insertar el Verbo en el elemento cósmico, Roca, el precursor, había sintetizado la misma idea con el concepto de "inoculación". Apurando esta idea, Roca la lleva hasta la Virgen María, que no sería sino "la manifestación del principio femenino".

Finalmente, Roca como Teilhard auguran el advenimiento de un orden nuevo, esa era será la era de la humanidad, y el nuevo humanismo que cabalgará con ella traerá consigo la pacificación de las conciencias y la tranquilización de los espíritus, será una nueva era de igualdad universal. En otras palabras, será la "New Age" de la que hablan hoy los herederos y discípulos de Teilhard.
Cuatro años después de que Roca escribiera su carta al Gran Oriente de Francia, sufrió una embolia y quedó ciego. Los medios integristas y antimasónicos tomaron su brusca muerte como un castigo divino. Sin embargo el sacerdote habia cumplido más de setenta años y superaba con mucho la edad media de la época...

miércoles, 21 de mayo de 2008

LAS POLITICAS DE LA NEW AGE

Recordábamos que los teóricos de este sector -en especial Marilyn Fergusson y David Sprangler- teorizaban hasta la saciedad sobre el "nuevo paradigma" en todos los terrenos del conocimiento... salvo en el de la política. Y cuando lo hacían, sus escritos eran de una exasperando ingenuidad. Estaba claro que querían contornear el problema plegándose a considerado como políticamente correcto. Lo que no implica que sea ni justo, ni verdadero. En este artículo hemos querido profundizar en esa dirección analizando las distintas huellas e influencias que destilan los escritos seudopolíticos de la "New Age". Tales son nuestras conclusiones.


La correlación entre el activismo contracultural y social de los años 60 y primeros 70 era demasiado evidente como para que desapareciera toda huella en la fase siguiente, la "New Age". Así como, en general, la contracultura tuvo una traducción política habitualmente de izquierda radical y utópica, el perfil político del "newager" tiene unas raíces más profundas, si bien con un carácter mucho más desdibujado.

Las raíces fabianas

El fabianismo es una de las variedades peor conocidas de socialismo. Es difícil encontrar en lengua española más de tres páginas dedicadas a los fabianos en las distintas y voluminosas historias del socialismo (en 1984 escribimos algo sobre este tema en nuestro libro "Los amos del PSOE" y pudimos ver la extrema pobreza de documentación sobre el tema que existe en España). Y sin embargo, una parte de los "newagers" reconocen a los fabianos como precursores.
Fundada en 1884 por el matrimonio Webb, la Sociedad Fabiana tomó este nombre de la historia de Roma. Existió un general, Quintus Fabius Máximus, que durante meses hizo creer a Aníbal y a sus cartagineses que Roma accedería a una paz honrosa. Los cartagineses, confiados en sus posiciones ventajosas, aceptaron negociar con Quintus Fabius, quien solo pretendía ganar tiempo para ir mejorando las posiciones, reforzando la retaguardia y reorganizando las legiones. Quintus Fabius fue, por esto, llamado "el contemporizador" y su estrategia se mostró acertada. F. Podmore, uno de los fundadores de la Sociedad Fabiana escribió. "Es preciso saber esperar el momento oportuno, como Fabio hizo pacientemente en su lucha contra Aníbal a pesar de las críticas de que era objeto por su lentitud; cuando llegue el momento, hará falta atacar como hizo Fabio"...

Los Socialistas Fabianos querían "contemporizar" con el capitalismo, reformarlo gradualmente (también se ha llamado al fabianismo, "socialismo gradualista") y evitar todo choque frontal entre las fuerzas sociales emergentes y el poder. Estaba aun caliente la masacre de St. Peter's Field, más conocida como la "Matanza de Peterloo" (las fuerzas represivas fueron mandadas por Lord Wellington, el vencedor de Napoleón en Waterloo); este episodio, con 11 muertos y 500 heridos, convenció a la clase obrera británica de la imposibilidad de un asalto frontal al poder.
Algunos de los primeros fabianos (los Webb, Herbert Georg Wells, Bertrand Russel, Leonard y Virginia Woolf, William Morris, Georg Bernard Shaw, etc.) habían sido simpatizantes del socialismo utópico y esteticista teorizado por Jhon Ruskin. Socialistas, pero no marxistas, utópicos en sus ideales, pero suficientemente realistas como para buscar vías estratégicas tangibles, inspirados en ideales filantrópicos, fraternos y progresistas, los fabianos constituyeron un sector de socialistas místicos, muchos de cuyos miembros frecuentemente pertenecían a sociedades ocultistas y teosóficas; pronto los fabianos constituyeron un grupo de presión dentro del Partido Laborista y pusieron en marcha verdaderos centros de formación de cuadros, el más importante, sin duda, la London Economic School, en donde, a partir de su fundación en 1894, se han ido formando las élites ilustradas de la finanza y el poder, frecuentemente movidas por inspiraciones filantrópicas y humanitarias.

La estrategia fabiana se centraba en la penetración en el Partido Laborista y en la acción municipal. La idea del matrimonio Webb anticipaba la propuesta de los "newagers ("pensar globalmente, actuar localmente") y pretendía "encontrar soluciones administrativamente factibles a los problemas sin preocuparse de la filosofía subyacente" (C.D. Cole). Los fabianos querían actuar fundamentalmente a través de los niveles administrativos y municipales más próximos a la población. Este trabajo y un conjunto de prestigiosos intelectuales y científicos, harían posible la transformación de la sociedad en un sentido progresista.
Pues bien, uno de los primeros fabianos fue H.G. Wells, el famoso autor de novelas de ciencia ficción. Wells terminó peleándose con los Webb, pero su libro "La conspiración franca" expone, no tanto los ideales personales del autor, como las reflexiones que había realizado durante sus casi veinte años de colaboración con la Sociedad Fabiana. Y este libro -un verdadero manifiesto- ha sido muy tenido en cuenta por los teóricos de la "New Age".

Cuando Marilyn Fergusson titula a su famoso libro "La conspiración de Acuario", lo hace evocando la figura y el libro de Wells y considera explícitamente que la acción de los "newagers" pretende llevar adelante lo teorizado por Wells y su equipo. Estos fabianos pretendían que el poder cambiaría cuando por presión de las bases de la sociedad, cuando éstas hubieran, a su vez, cambiado. Y para eso pretendieron asaltar el poder municipal, pues de él dependían las reformas que más pronto llegaban al ciudadano y a través de él se podía incidir sobre la educación. La componente mística era evidente; el primer capítulo del libro de Wells se titulaba "Necesidad de una religión para la vida humana". Hablaba implícitamente de holismo: "La conspiración franca debe ser heterogénea", decía. Sentó las bases de una comunidad mundial: "la alegría del bienestar físico habrá de ser un día patrimonio general de la Humanidad" (...) "La conspiración franca es el despertar de la humanidad".

Pues bien, todos estos elementos se encuentran presenten en la "New Age" que ha agradecido en muchos textos y reconocido la paternidad de ideas que adeudan a Wells.

Restos de la resaca contracultural

El fin de la guerra del Vietnam, la represión (proceso a los "ocho de Chicago"), la dimisión de Nixon, el cansancio por años de activismo sin avances patentes, fueron causas objetivas encadenadas que desmovilizaron los grupos pro derechos civiles y pacifistas, anexos al movimiento de la contestación contracultural. Con la mayoría del SDS desmovilizado, las fuerzas de izquierda perdieron terreno, el mismo feminismo moderó sus postulados, desaparecieron los grupos armados -"Watherman" y "Black Panther"- y muchos contestatarios se reciclaron en "movimientos de potencial humano", sectas orientalistas, grupos de "psicología transpersonal", etc. En muchos de ellos el recuerdo de sus orígenes políticos siguió presente aun en forma de rescoldo.

Jerry Rubin, uno de los "ocho de Chicago" (procesados por los altercados durante la celebración del Congreso Republicano en esa ciudad a finales de los 60) reconoció el error de la contestación: "El movimiento espiritual es el verdaderamente revolucionario. Si no hay autoconciencia, el activismo político se convierte en un perpetuo ciclo de irritación... Yo no podía cambiar a nadie sin haberme cambiado a mí mismo". Rubin, en el fondo era el paradigma de lo que había pasado con la contracultura. Agitador en 1965, veinte años después siempre empezaba sus conferencias mostrando su tarjeta de crédito Master Card.

El contracultural americano terminó integrado en el sistema que pretendía destruir. Su capacidad de adaptación fue impresionante; muchos de ellos alcanzaron puestos de responsabilidad en las administraciones republicanas y demócratas y el mismo Clinton, ligado al movimiento contra la guerra del Vietn-Nam, ha llegado a la Casa Blanca. Ya que no era posible la revolución social, mejor optar por la revolución "interior". Era una nueva orientación adecuada al tiempo de reflujo.

Pero siempre en el movimiento de la "New Age" permanecerá el recuerdo de la contracultura a la hora de organizarse y seleccionar algunos métodos de acción: el feminismo se moderará y reciclará en forma mística, el pacifismo y la ecotopía cobrarán renovados bríos.

Tanto la contracultura como la Nueva Era son integrados por sus partidarios dentro de la historia americana entendida como una búsqueda de libertad: la libertad de todo vínculo de opresión nacional sería el leit-motiv de la guerra de la independencia y de lo que ha sido llamado el primer gran despertar de la espiritualidad americana (proliferación de grupos masónicos que inspiraron, con Washington y Franklin al frente, la constitución y la Declaración de Independencia), la liberación de todo vínculo físico y de la esclavitud, sería el tema del segundo gran despertar y de la guerra de secesión; entonces proliferaron, primero grupos religiosos específicamente americanos (adventistas, mormones, testigos de jehová) y luego sectas ocultistas (espiritistas, teósofos y neo-rosacrucianos). El tercer gran despertar, que se coagularía en una parte de la contracultura y en la "New Age" tiene como tema central también la liberación, pero ahora solo del cuerpo y de la mente.

Mundialismo universalista

A lo largo del siglo XIX un pastor unitario, Ralph Waldo Emmerson, ministro de la Old North Chrusch de Boston, se separó de su iglesia y llevó la idea protestante del libre examen a sus consecuencias límites. A finales de siglo la Iglesia Unitaria, nombre que adoptaron los partidarios de Emmerson, empezaron a difundir ideas muy abiertas y plurales, ecumenistas, en definitiva.
Emmerson había pertenecido al "Trascendentalist Club", un grupo político-religioso que pretendía seguir una tercera vía entre el tradicionalismo y el materialismo. Defendían la superioridad del espíritu y la necesidad de fundamentar sólidamente la verdad religiosa; para ello proponían utilizar el alma iluminada por una especie de luz interior. En la práctica, Emmerson defendía un idealismo panteista que traducía en una temática holística recogida posteriormente por la New Age.

La Iglesia Unitaria y Universalista, constituida en 1961 siempre ha estado teñidas de un carácter extremadamente liberal y abierto, sus ceremonias son, en la práctica, asambleas de discusión sobre temas, dentro de un marco completamente desprovisto de ritualismo y muy liberal. Muchos de los contraculturales y "newagers" pertenecieron a esta comunidad religiosa, uno de cuyos puntos era precisamente el "mundialismo". Si Dios es universal, si se encuentra en todas partes y se manifiesta en cada objeto del cosmos, si todo hombre debe estar unificado con los demás, si Dios está en todo, las fronteras, las divisiones de clase y nacionalidad, huelgan y por tanto lo adecuado a esta situación es un gobierno mundial.

Algunas de estas ideas eran defendidas por fabianos y teósofos (sin que entre unos y otros pudiera establecerse una frontera sólida, sino una amplia ósmosis) y a partir de la tercera generación de teósofos, en algunas ramas del movimiento la idea universalista se convirtió en tema central.

En los años 20, la teósofa Alice Ann Bailey, fundó Lucis Trust -que inicialmente se llamó "Lucifer Trust"- sosteniendo la idea de que defendía la idea de que a un "gobierno mundial" correspondería una "religión mundial". Tras la segunda guerra mundial, Alice Bailey consideró que la "era de la luz" se había iniciado en 1945 con la creación de las Naciones Unidas, organismo en el que veía el embrión de un gobierno mundial. Algunos de los fundadores de las NN.UU. (Trigve Lye, Dag Hammarskjold, sus primeros Secretarios Generales) compartían estos mismos ideales hasta el punto de autorizar la apertura de una "Sala de la Meditación" en la sede de las NN.UU. en Manhattan, que ha sido considerado como el primer templo de la "religión mundial". La sala que responde a una geometría esotérica tiene en su centro un altar de magnetita y un cuadro de resonancias khabalísticas.

Finalmente, el "mundialismo" universalista ha pasado a ser, la definición del "newager" ante la cuestión nacional. La "Nueva Era" implica la superación de todo nacionalismo y la proclamación de un ecumenismo, a veces con rasgos sincréticos.

Ultraliberalismo y estrategias de acción

Los valores de la política "newager" muy frecuentemente se confunden con los del ultraliberalismo, tanto en su acepción americana (no tanto como doctrina económica, sino como forma de comportamiento no sometida a limitaciones ni más reglas que la ética y la moral) como en su consideración más europea. En efecto, las críticas de la "New Age" respecto a la economía de mercado son casi inexistentes. Ni un solo "newager" ataca directamente el "viejo paradigma económico" basado en el dominio del capital y en los vaivenes del mercado. Las críticas se refieren solo a los prejuicios causados por los sistemas de producción a la naturaleza.

Las posturas "newagers" en este terreno son muestra de su idealismo utopista y del desconocimiento global de la naturaleza del "viejo paradigma económico". De hecho buena parte del movimiento vive de ese mismo mercado y de la colocación en él de sus productos. ?Cómo iban a criticar aquello que les permite vivir?

Por otra parte, no se plantean en ningún momento modalidades efectivas de acción y de organización. Su idea defendida por Marilyn Fergusson y los que le van detrás es que, primero todos debemos cambiar; llegaremos a ese cambio mediante la discusión de ideas y la experimentación del nuevo paradigma. Cuando todos hayamos cambiado, el mercado y el sistema de producción-consumo, cambiará automáticamente. Sería bueno que los "newagers" explicaran, no solo cómo van a cambiar de mentalidad los magnates del capital internacional, sino también los hambrientos del tercer mundo.

En cuanto al modelo organizativo, es libertario. Los "newagers" lo llaman SPINs (Segmented Polycentric Integrated Networks: Redes integradas policéntricas segmentadas): "Todo SPIN obtiene su energía de la asociación, a base de combinar y volver a combinar habilidades, instrumentos, estrategia, elementos, contactos. Al igual que el cerebro, el SPIN puede disponer de múltiples conexiones simultáneas en muchos puntos. Los segmentos de un SPIN son los grupos pequeños, que cooperan entre sí de forma fluida, sobre la base de valores compartidos. La multiplicidad de grupos robustece al movimiento". A los anarquistas de siempre esto les sonará a "grupos de afinidad", es decir, a aquella forma de organización que ha sido inoperante durante más de 150 años...

Estamos ante un vacío organizativo. Si bien es cierto que algunas tendencias de la "New Age" han constituido organizaciones políticas clásicas (en el fondo el Partido Humanista y los ideales de su fundador, Silo, encajan perfectamente con una cierta visión de la "New Age" y serían el ejemplo más claro de un movimiento político inspirado en una parte de estos ideales) se trata de excepciones, lo más normal es que el "newager" se considere apolítico e, incluso, teniendo simpatía por el ecologismo, no apoye a las formaciones verdes, ni de forma militante, ni siquiera con su voto: el "newager" suele ser apolítico.

Hay algo más que decir. Algunos "newagers" están convencidos de que la administración americana puede ser ganada "desde dentro". Para ello alegan que tanto el Departamento e Defensa, como algunas entidades asistenciales ligadas al gobierno, han acudido a ellos en busca de ayuda y cooperación, han firmado acuerdos para experimentar terapias psicológicas, (la Marina en San Diego, por ejemplo, autorizó cursos de Meditación Trascendental para sus tropas): "Han habido proyectos de investigación sobre meditación, biofeedback, fenómenos psíquicos y medicinas alternativas que se han financiado con fondos del Ministerio de Defensa". Es el viejo tema fabiano de ir ganando poco a poco espacio y hurtándolo al adversario. Existe toda una tradición americana de ver con desconfianza el aparato federal y procurar que éste quede reducido a la mínima expresión. La extrema-derecha y sus milicias armadas y el ultraliberalismo coinciden en que el Estado debe intervenir lo menos posible en la vida de los ciudadanos. Esta es también la opinión de la "New Age".

Autarquía transpersonal

Los "newagers" sostienen que toda persona debe vivir en plena autarquía interior, no necesitar nada fuera de sí. Autarquía quiere decir para Marilyn Fergusson: "gobernarse a sí mismo" y esto implica, no tanto una dimensión comunitaria, sino algo interior que estaría próximo al "ser uno mismo". Pero en esta consideración que en el mundo clásico era justa y que para quienes sostienen una orientación tradicional en el seno del mundo moderno, sigue siendo justa, adquiere una componente egoísta e individualista no desdeñable y que enlaza con otras tendencias de la "New Age": ideas y consejos para triunfar en la dimensión social, para "vivir a gusto con el dinero", no "tener miedo al éxito", tal como suelen repetir algunos títulos de libros y producciones características de este sector.

Así el mensaje que estaba grabado en el Templo de Eleusis -"Conócete a ti mismo"- se completaba con el que inscrito en la otra columna: "Nada de más", verdadera llamada a la austeridad y a vivir sin atender a lo superfluo y al consumo. El mensaje de Eleusis, globalmente considerado, tiene un sentido que pierde si se amputa de su complemento. Cuando los "newagers" dicen "conócete a ti mismo" generalmente entienden un reconocimiento de las posibilidades del propio Ego enfocado para alcanzar su engorde y el triunfo social o económico que pretenden.


* * *
De la combinación de estos cinco elementos deriva la línea política de la "New Age". Es evidente que los "newagers" deben necesariamente hablar de política cuando aluden a una concepción "holística" de la sociedad; pero no es éste el terreno en el que mejor se mueven. En realidad, a poco que se lean sus escritos, se percibe que la "New Age" tiene por revolucionario aquello que solamente es irracional. Idealismo utopista, ecología, mundialismo, pacifismo, antiautoritarismo (aun aceptando fórmulas de liderismo limitado), aligeración de las estructuras de poder, evitar un enfrentamiento frontal con ese mismo poder, cuestionar las relaciones entre el poder y la población (dejando indemnes tanto el concepto del mercado y el resto del patrimonio del liberalismo económico), rechazo a estructurarse en organizaciones amplias y sólidas, capaces de movilizar masas y afrontar luchas en profundidad y de larga duración... Tales son las características de lo que se ha llamado pomposamente "política de la conciencia" o "política de transformación" y que, en el fondo no es, sino el apéndice terminal y degenerado, de la "old age", la vieja era. Por que de lo que no cabe la menor duda es que la "new age" no es lo primero del mañana, sino lo último del ayer.

lunes, 19 de mayo de 2008

EL CREPUSCULO DE LO HUMANO: MANIFIESTO CONTRA LAS NUEVAS TECNOLOGIAS

La revolución tecnológica, presentida en los años 70, iniciada de forma efectiva en los 80 y cuya evolución en el Siglo XXI es imprevisible, ha generado una nueva era: la Era Tecnotrónica. Nuevas tecnologías y microelectrónica se han aunado para constituir el ambiente en el que se desarrollará la humanidad futura, la Tecnosfera.

En un momento en que la investigación histórica ha podido demostrar que todas las civilizaciones son mortales, deberíamos preguntarnos si la esencia de la Tecnosfera es o no compatible con la naturaleza humana. Responder a esta pregunta es ocioso.

La humanidad hoy no puede prescindir de las nuevas tecnologías. No sabemos si lo que la ciencia ha creado marca o no el crepúsculo de lo humano. Lo que intuimos es que lo humano, a finales del segundo milenio, es impensable sin el apoyo de la tecnología.

Este artículo pretende alertar sobre los riesgos de la revolución tecnológica, animando a que aquellos que se sientan en condiciones de afrontar su desafío, la utilicen para un fin muy diferente del que ha sido inicialmente pensada. El análisis de la tecnósfera nos lleva, fatalmente, a la cuestión de saber de qué manera puede ésta contribuir a que nuestra civilización realice una verdadera revolución, la única revolución posible: la que supone volver a los orígenes de lo humano.

I. ECONOMIA + TECNOLOGIA = CREPUSCULO DE LO HUMANO

Los conocimientos que antes tardaban décadas en transmitirsirse desde el foco investigador hasta los interesados, ahora se transmiten de forma inmediata. Este proceso ha producido una rápida evolución tecnológica que modifica los fundamentos mismos de la sociedad. Hasta ahora era imposible codificar el saber y transmitirlo instantáneamente a través del espacio y perpetuarlo en el tiempo. Gracias a Internet, esta barrera ha saltado. Pero Internet y las nuevas tecnologías han hecho mucho más que esto.

En la última década la tecnología ha formado un rodillo compresor sin control. Desde principios de siglo, pudo decirse con propiedad que "la economía es nuestro destino". Hacia los años cincuenta esa misma economía -que había sido generada para servir al hombre- pareció cobrar vida propia, romper cualquier cauce y control y convertirse en dueña de lo humano. Hoy es la hora de la técnica.

A las puertas del siglo XXI, la técnología es nuestro destino. En los últimos diez años se ha constituido un combinado explosivo que no dejará de desarrollarse durante el próximo cuarto de siglo: revolución digital -en estado bien avanzado-, la manipulación genética -campo principal de investigación- y la nanotecnología -hoy en sus primeros pasos- conforman el destino de nuestra generación y de las próximas. Desbordados, primero por una economía incontrolable y luego por una tecnología desatada, asistimos al crepúsculo de lo humano. La política que, hasta hace doscientos años, ciencia y arte de la conducción de las Comunidades humanas, se ha visto rebasada primero por la economía y luego por la tecnología. Y esto ha creado un drama en Occidente.

II. DE LA POLITICA COTIDIANA A LA "GRAN POLITICA"

No en vano, el liberalismo surgido con el fin de la sociedad estamental, fue, ante todo, una doctrina económica, que tuvo luego en la partitocracia su traducción política. El libremercado de la economía al hacerse forma de organización política, se convirtió en el libremercado de las ideas. La verdad, la justa línea política, ya no eran una cuestión ética, moral o simplemente una tradición, sino, básicamente, una cuestión numérica. El gran error del liberalismo fue confundir calidad con cantidad y otorgar a la ley del número un valor metafísico y seudo-religioso.
La política hoy ha sido rebasada por la tecnología como ayer lo fue por la economía. El poder tecnológico aporta poder económico y el poder político se adecúa a sus necesidades con fidelidad perruna. Paro esa política, caída al más bajo de sus niveles históricos, no existe otra ética ni moral más que la del lucro y el máximo beneficio. No es raro que sacrifique cualquier directiva -incluso la garantía de continuidad de la vida en el planeta- en aras del beneficio y del rendimiento del capital invertido.

La humanidad tecnológica de los albores del Tercer Milenio está siendo dirigida con las ideas anticuadas, torpes y agónicas de fines del siglo XVIII. Intentar reflexionar sobre los destinos de la humanidad implica, en definitiva, entrar en una discusión política, puesto que de lo que estamos hablando es de comunidades, no de élites tecnológicas o financieras. Pero esta "política" no es la pequeña política cotidiana, sino la Gran Política de la que hablara Nietzsche, aquella que es, repetimos, ciencia y arte de conducir las Comunidades humanas.

III. REVOLUCION TECNOLOGICA Y CAMBIO SOCIAL

La revolucion tecnológica ha implicado un cambio en la estructura social y en la geoeconomía. Georges Dumezil ha demostrado como las sociedades indo-europeas han tenido una tendencia irreprimible, incisa en sus genes o, si se quiere, en lo más profundo de su alma, a adquirir una estructura trifuncional. Nuestras sociedades hasta el siglo XIX fueron estamentales (guerreros, sacerdotes, productores). El esquema volvió a repetirse como caricatura cuando los estamentos o castas se transformaron en clases sociales (alta burguesía, burguesía media y proletariano). Hoy nuestras sociedades caminan hacia lo que se ha dado en llamar "sociedad de los tres tercios".
La revolución tecnológica, y particularmente las teleactividades (trabajo realizado desde el domicilio) y la robótica (trabajo realizado por máquinas inteligentes) han arruinado la estructura económico-social que domino en Occidente desde la primera revolución industrial. El trabajo, cosificado y transformado en mercancía por el liberalismo, se rije, como cualquier otra, por la ley de la oferta y la demanda. Las ingentes bolsas de parados garantizan que el precio de adquisición del trabajo seguirá siendo bajo.

Las bajas tasas de natalidad del Primer Mundo corrían el riesgo de que se produjera una descompensación entre la oferta de trabajo y la demanda del mismo. La inversión de la pirámide de población podía haber llegado a ser, especialmente en Europa, la garantía de que la mercancía-trabajo, podría venderse en un futuro, más cara. La emigración extra-europea ha paliado este riesgo. Se trata de una fuerza de trabajo que se vende a bajo precio. Algo comprensible si tenemos en cuenta las precarias condiciones de vida (sociales, económicas y políticas) de los focos de emigración. Pero eso no era todo.

Junto a la emigración, otro fenómeno a contribuido a desplazar el eje de la producción fuera del Primer Mundo. Desde mediados de los años 70 ya empezó a observarse la tendencia de las multinacionales a establecer sus plantas productoras en el Tercer Mundo, donde las condiciones laborales eran más benignas para los empleadores y agobiantes para los empleados. Esta tendencia no ha dejado de crecer y multiplicarse. Si hoy el grado de desarrollo debiera medirse por la presencia de industria, el Primer Mundo figuraría como una zona en declive hacia el subdesarrollo.

IV. LA IMPARABLE MARCHA HACIA LA "SOCIEDAD DE LOS TRES TERCIOS"

El Primer Mundo se ha convertido en el paraiso del sector terciario, como distintas zonas del Tercer Mundo (los "dragones asiáticos", Méjico, etc.) lo son de la industria de producción de bienes. El "taylorismo" (la eufemisticamente llamada "organización científica del trabajo") acarreó el fin del artesanado. En los años ochenta, la robótica (sustitución de las rutinas por máquinas) y la nueva geopolítica del trabajo, han generado una situación desconocida hasta ahora en el Primer Mundo: la muerte del trabajo productivo y el fin de las profesiones.

En menos de quince años (lo que tarda en agotarse la generación que hoy tiene 45 años) solamente una pequeña parte de la población estará vinculada a la producción. Una fábrica será un lujo en el Primer Mundo. La "terciarización" de la economía hará imparable la marcha hacia la sociedad de los "tres tercios": ni habrá trabajo para todos, ni voluntad de distribuir las parcelas existentes. Un primer tercio de la población occidental habrá conseguido insertarse en el mercado de trabajo terciarizado; vivirá de acuerdo con la legislación social y fiscal vigente. Cotizará a la Hacienda Pública, pagará sus impuestos, estará en regla con la Seguridad Social o el mecanismo que la haya sustituido. Tendrá, en general, un aceptable nivel de vida; se podrá permitir tanto el ahorro como el consumo. Pero serán los únicos.

Un segundo tercio de la sociedad, formado quizás por inmigrantes que acepten los trabajos más bajos y peor remunerados, de un lado, y de otro, por individuos que vivan del Tesoro Público, de las instituciones asistenciales, y que, de tanto en tanto, puedan acceder a trabajos temporales, mal remunerados y siempre discontinuos, será el eslabón intermedio entre el primer tercio y el tercero.

Este tercer sector de la sociedad vivirá en una marginalidad total. Situados fuera de cualquier mecanismo asistencial, recurriendo con frecuencia a la caridad pública, o a las ONG's, sin que sus nombres consten ni en los ordenadores de Hacienda, ni en los de Seguridad Social, conjugarán trabajo negro con delincuencia. No les quedará siquiera la esperanza de salir de la marginalidad, sino que su único anhelo será sobrevivir en un día a día angustioso e incierto.

Una sociedad así está en trance de constitución en los EEUU a poco que se observe la realidad cotidiana. Y síntomas del proceso pueden percibirse igualmente en Europa Occidental. Pero una sociedad en la que un tercio sostiene la estructura del Estado y a los otros dos, no es una sociedad que pueda perpetuarse durante mucho tiempo. Es, antes bien, el paradigma de la inestabilidad. Y como tal se desplomará, quién sabe si por su propia debilidad interior.

V. VIRTUALIDAD Y REALIDAD

Hasta llegar a la situación actual, la humanidad ha vivido tres revoluciones sucesivas. Durante el neolítico la Naturaleza (materia, a la postre) se transformó en mercancía (otro status de la materia) mediante el trabajo físico. La revolución industrial hizo que una materia primera se transformara en otra materia (producto), mediante la energía. Hoy la revolución tecnológica ha logrado transformar la materia en materia y nuestra relación con ella, mediante la informática.
La producción de bienes que desde el neolítico hasta principios del XIX se realizaba mediante la fuerza del trabajo, a partir de la revolución industrial pudo hacerse gracias a la energía. Esto provoco una explosión de la productividad. Los beneficios también se dispararon. La organización social y el ecosistema quedaron, eso sí, alterados hasta lo irrecuperable; pero esto importaba poco, el Sistema no entendía de valores éticos o ecológicos. Lo que va de la revolución industrial a la tecnología es lo que va del reemplazo de la energía por la información. En esto consiste precisamente el proceso de virtualización: en reemplazar materia por información.
La humanidad neolítica vivió en un ambiente Natural. Las transformaciones posteriores de la sociedad generaron un ambiente Arquitectural. Hoy, la revolución tecnológica, ha generado un ambiente Virtual. Nadie duda que este cambio tiene una importancia metafísica: lo Virtual es lo contrario de lo Real. No es otra forma de realidad, sino una convención que reemplaza lo tangible por una fantasmagoría.

Antes se decía "Si no lo toco no es real". La revolución tecnológica quiere decirnos lo contrario: "Si puedo tocarlo no es real". Hubo un tiempo en que si el hombre deseaba saber lo que era la Naturaleza no tenía otro camino más que el que conducía al Bosque. A partir de los años cincuenta bastó con encender un aparato de TV para saber lo que era el bosque y hoy un bosque puede ser creado en el cyberespacio sin que tenga una existencia real.
La revolución tecnológica ha acelerado una tendencia ya existente desde el triunfo del liberalismo económico. Cuando adquirimos cualquier producto, estamos pagando, no solamente el valor material de ese producto, sino una serie de añadidos inmateriales (esto es, virtuales), la publicidad, la imagen, el marketing...; a mayor es el valor inmaterial, corresponde una mas alta virtualidad del producto.

Finalmente ha llegado un momento en que lo virtual ha generado un muro entre nosotros y el mundo real. La virtualidad nos impide percibir la realidad. Llega un momento en el que nosotros mismos, dejamos de ser nosotros mismos para convertirnos en una mera imagen forjada para deleite de los otros y satisfacción de nuestro propio narcisismo.

VI. LAS CONSECUENCIAS METAFISICAS

La verdadera sabiduría consiste en vivir aquí y ahora: en un tiempo real, una existencia sensible. El precepto platónico "ser uno mismo" resuena aun en del viejo continente. Pero ya no somos nosotros mismos, sino la sombra de unos arquetipos generados por el marketing y la publicidad (somos imagen).

No vivimos en nosotros, sino en imágenes que hemos asumido, como aquel espectador de un film que termina identificándose con el seudo-héroe protagonista. La imagen no sobrevive al tiempo, por que es, como el fotograma de una película, una sucesión inagotable de instantes, cuyo sentido no se percibe aisladamente. La imagen es devenir, movimiento, agitación. Lo esencial de la persona es el Ser, núcleo íntimo de lo humano, es decir, estabilidad, serenidad, inmovilidad.
El Ser y el devenir corresponden a lo real y a lo virtual. En cada momento de nuestra existencia estamos eligiendo entre uno u otro. Pero la economía y las tecnologías ya han elegido por nosotros. La virtualidad es nuestro destino suplementario.

VII. EL CREPUSCULO DE LO HUMANO

Lo humano está compuesto por un cuerpo, un espíritu y un núcleo íntimo o alma. La máquinas tienden a dotarnos de otros brazos y otras piernas, músculos de hierro y acero. La informática sustituye a nuestro cerebro, allí donde mora lo esencial de nuestro espíritu. Los robots, combinaciones de informática y biomecánica, serán nuestros más directos competidores en el futuro.

Con el paso de las décadas muchas de nuestras habilidades se verán mermadas y sustituidas ventajosamente por máquinas. Hoy un programa de tratamiento de textos hace inútil que estudiemos gramática; una calculadora sustituye nuestra capacidad de cálculo mental; el automóvil hace inútiles nuestras piernas. Los teléfonos celulares hacen inútil la comunicación telepática. La TV y la informática hacen ociosa nuestra imaginación. En la investigación espacial o submarina la robótica ya ha creado equipos que superan dificultades jamás accesibles a lo humano.

Las tecnologías futuras, no solo sustituirán utilidades de nuestro cuerpo, sino que terminarán invadiéndolo. A eso apunta la nanotecnología o los avances en materia de transplantes, biomecánica o genética. Implantes y prótesis, la clonación, hará dependientes nuestros cuerpos de la tecnología.

Está naciendo el mundo posthumano, mundo en el que el Ser está ausente, mundo en un perpetuo devenir tecnológico. )Cuánto tiempo se tardará en delegar algunas funciones de nuestra conciencia a equipos informáticos? )para cuando los implantes de cerebro crearán sensaciones virtuales tan reales como si hubieran tenido existencia fenoménica? )para cuando el sueño de un hombre inmortal, gracias a la nanotecnología, la criogenia y las técnicas de clonación? )cuándo seremos cómo Dios?

De la misma forma que una bola de nieve que cae por la pendiente de una montaña, no tiene otro destino final que seguir cayendo a velocidad creciente y arrastrarlo todo a su paso, la situación actual (economía + revolución científica) no puede sino llegar hasta sus últimas consecuencias: la realización del sueño adámico, la inversión del modelo divino, concretada en un nuevo titanismo tecnológico.

VIII. EL CYBERESPACIO, ¿VEHÍCULO DEL VIEJO PARADIGMA?

Buena parte de los contenidos que circulan por el cyberespacio tienen un carácter, absolutamente inútil, o son simplemente patógenos. La noción misma de cyberespacio, en alguna de sus acepciones, es absolutamente insana. Internet juega en la misma dirección que otros procesos concurrentes iniciados a principios de la década de los ochenta: es un factor más de repliegue a lo individual e íntimo.

El cyberespacio nos conecta con otros a quienes jamás conoceremos. Nos habla de un mundo que posiblemente nunca veremos en la medida en que el cyberespacio es inconcebible si abandonamos la mesa donde está instalado nuestro ordenador. El sexo virtual es la ultima ratio que nos ofrece el cyberespacio. No solamente hace inútil las relaciones interpersonales sino que incluso las sustituye por un patético remedo de sexualidad apto solo para onanistas. El cyberespacio, por lo demás, no ha inventado la paidofilia, pero sí ha creado el marco más adecuado para su desarrollo.

Resulta un misterio el saber si, tal como auguraba John Perry Barlow, en su "Declaración e independencia del cyberespacio", éste estará en condiciones de regularse a sí mismo y si no reproducirá las mismas lacras -incluso corregidas y aumentadas- de la sociedad en cuyo interior ha nacido. Y, por lo demás, ésta voluntad de autorregulación y de creación de una nueva ética y moral, pertenece al carácter utópico del proyecto tecnológico. En el cyberespacio se proyectan esperanzas utópicas. En cierto sentido el cyberespacio es el hijo bastardo del proyecto contracultural de los años sesenta y no es raro, por ello, que quienes tuvieron un protagonismo en aquel movimiento se hayan lanzado a la conquista de este nuevo medio tecnológico. El fallecido Thimoty Leary no era una excepción.

La contracultura fue un intento de hacer el viejo lema "libertad, igualdad, fraternidad", enarbolado por la revolución burguesa de 1789 y por la proletaria de 1917 y enfangado por ambas. El proyecto contracultural pretendía encontrar una tercera vía entre el capitalismo y el comunismo burocrático. Pero el objetivo final era común en los tres proyectos y está presente en la ideología dominante en el cyberespacio. La revolución tecnológica, aun rompiendo los ritmos y la estructura de la sociedad surgida de la revolución burguesa -todavía hegemónica en sus valores y formas organizativas- no es sino una prolongación extrema y terminal de la misma.

IX. EL CYBERESPACIO, PUNTO DE ENCUENTRO DE LOS DISIDENTES

Pero el cyberespacio es eso y justamente lo contrario. Un concepto global y holístico como éste, necesariamente debía generar en su interior una contradicción que atentara contra su misma matriz (la revolución burguesa como matriz inicial y la contracultura como matriz más reciente).
Si en la contracultura participaron "disidentes" de todos los pelajes que, finalmente, fueron integrados en el sistema, creando la sensación de que nada podía cambiar y que era necesario pasar de lo "apocalíptico" a lo "integrado", ahora el cyberespacio ofrece una trinchera a todos aquellos que no compartan los ideales dominantes en los últimos doscientos años.

El cyberespacio es A y no-A a la vez y, por tanto, permite que, por primera vez, los disidentes del sistema, tengan al alcance de la mano una parte de las nuevas tecnologías, que las utilicen a su servicio y que creen con ellas las nuevas armas de la revolución del futuro.

X. HOY EL TIGRE SE CABALGA EN EL CYBERESPACIO

La única forma de que un tigre no acabe con nosotros es montarse a sus espaldas y esperar que cansado se detenga, solo entonces será posible asestarle el golpe definitivo. Se trata de utilizar, como en algunas técnicas de combate orientales, la fuerza del adversario para desequilibrarlo y hacerle morder el polvo.

Gracias al cyberespacio el disidente de la sociedad tecnoburocrática sabe que no está solo, que otros muchos como él sienten en su corazón el bullir de nuevas ideas y la necesidad de abandonar una etapa, que aunque breve -apenas doscientos años- no ha sido precisamente gloriosa en la historia de la humanidad. Gracias al cyberespacio cerebros ardientes hasta ahora incomunicados entre sí pueden realizar el mismo efecto en la "red" que una microscópica partícula de arenisca en el interior de una ostra: crear, casi de la nada, una maravillosa y rica perla.

El cyberespacio, en principio, es, objetivamente, la negación del materialismo científico. Por primera vez el espíritu científico se ha visto obligado a reconocer la existencia de un espacio inmaterial.

Quién está habituado a practicar surfing por el cyberespacio sabe hasta qué punto los soportes materiales son prescindibles y puede, por tanto, concebir, siquiera de manera intuitiva, lo que es la espiritualidad. Quien tiene un concepto exacto de lo que es el cyberespacio puede asumir tranquilamente la idea de la unidad holística entre el Cosmos, la Naturaleza y lo Humano. Pero además basta buscar un poco para averiguar que existe una cyber-espiritualidad ya inserta en la red. Alguién ha comparado la progresiva densificación y consolidación del cyberespacio con la construcción de las catedrales. Ambos son, en efecto, dos grandes proyectos de civilización. Una catedral es una representación holística del cosmos. Así las concibieron los maestros de obras desconocidos que trazaron sus planos. Representaciones con su medida, su ritmo y su armonía, como el cosmos mismo. El cyberespacio es como una de esas piedras en bruto, utilizadas por los canteros medievales, de las que decían que contenían todas las formas posibles y que solamente era necesario trabajarlas para extraer de la piedra en bruto aquella forma que interesaba. El cyberespacio es una piedra en bruto que puede transformarse, primero en la grava y luego en la arenilla, reflejos de lo inútil, o bien, ser soporte para una nueva Edad de Oro.

XI. EL CYBERESPACIO COMO TAMBOR DE UN DESPERTAR ESPIRITUAL

Nuestra generación y las generaciones que vendrán después, tienen todo un mundo que repensar y construir. En este proceso el cyberespacio jugará un papel determinante. Lo humano que ha pasado por distintos estadios (mágico, mítico, racional) tiene ahora la disyuntiva de diluirse en lo indivual o bien tender hacia lo comunitario. El individuo es aquel ente replegado en sí mismo, aislado de los demas. La "comunidad" es un grupo social unido por un mismo proyecto y una misma intención histórica.

La fase racional de la civilización se correspondió con estructuras nacionales. El cyberespacio y la economía han hecho saltar por los aires el concepto de "fronteras nacionales". Hoy no hay más patria que la idea por la que un ser humano sigue en pié en un mundo en ruinas, un mundo que, como cantaba Woody Goothie, "está enfermo y agoniza, aunque apenas sí acaba de nacer"... Frente al concepto horizontal e igualitario de nación como conjunto de todos los que han nacido sobre un mismo suelo, sean estúpidos o sabios, egoistas o voluntaristas, vividores o abnegados, corruptos o rectos, el nuevo paradigma reivindica en el cyberespacio un concepto vertical de patria: la patria del siglo XXI es la idea que el ser humano se forja como concepción del mundo.
El cyberespacio es el instrumento gracias al cual es posible que una élite nueva se forje, no para entablar una batalla final, sino para estrechar sus vínculos, establecer los límites precisos de su pensamiento alternativo, saber donde está la disidencia y donde la prolongación de lo actual y, finalmente, esperar el desplome de las estructuras socio-políticas hoy agónicas.

XII. LAS BASES DEL NUEVO PARADIGMA

Cuando Robert Khün escribió su "Estructura de las Revoluciones Científicas" tenía razón en establecer el concepto de "paradigma". Khün tenía razón en afirmar que un paradigma es, inicialmente, visible solo por unos pocos que se adelantan a su tiempo, mientras el anterior paradigma sigue siendo oficialmente reconocido. Llega un momento, sin embargo, en que lo que hasta ese momento estaba velado para la mayoría, se hace bruscamente visible, como si un pañuelo cayera de los ojos. Recuérdese que el marxismo era incuestionable en el mundo intelectual hasta los años 70 y que hoy, sin que existan nuevas argumentaciones en contra a las ya enunciadas en los años 20, es rechazado por casi todos.

Los disidentes de hoy, agrupados en el cyberespacio, sin crear estructuras que aspiren, ni a ser partidos políticos, ni nuevas opciones ideológicas, tienen como estrategia inmediata ir madurando sus ideas y esperando el tiempo en el que "la venda caiga de los ojos". Lo contrario -actuar como un movimiento revolucionario de tipo clásico- sería intentar detener la velocidad de caída de un alud, con la sola fuerza de una mano. "Cabalgar el tigre" implica, fundamentalmente, esperar que "el Tiempo llegue".

El plazo entre el presente, oscuro y sobre el que se ciernen negros nubarrones, y el futuro de un nuevo período áureo, es el necesario para generar una élite intelectual. Debate de ideas, establecimiento de una concepción vertical del mundo y de la vida, prácticas meditativas, tamiz sistemático que separe lo útil de lo superfluo en Internet, son las orientaciones para el día de hoy. Mañana, los signos de los tiempos establecerán las tácticas.

jueves, 8 de mayo de 2008

René Guenon y la cuestión del Satanismo

Hacia principios del siglo XX una figura de primer orden emergió en el magma del ocultismo francés. Con pasos vacilantes e inseguros, René Guenon no cortó completamente con el ocultismo sino hasta 1909, cuando sus disputas con estos ambientes se agriaron definitivamente. Veinte años después, Guenon ya había completado lo esencial de su obra, ofreciendo a Occidente un cuerpo doctrinal sólido e imprescindible para comprender qué fue y qué es la Tradición. En la senda abierta por Guenon discurrieron otros autores que han configurado la "escuela tradicional". Antes o después era inevitable que Guenon abordara el tema del Diablo y lo hizo de manera concreta en "L'Erreur Spirite" y más globalmente en "El reino de la cantidad y los signos de los tiempos". La perspectiva que plantea Guenon, no solo es lúcida, sino que al mismo tiempo tiene la virtud de responder a la mayor parte de interrogantes sobre susceptibles de plantearse sobre el Diablo y el satanismo contemporáneo. Al mismo tiempo Guenon sitúa perfectamente estas cuestiones dentro de una perspectiva mayor a la que da el nombre de "contra-iniciación". El satanismo es pues, para Guenon, una forma, la más absoluta y degradada de negación del orden normal representado por la iniciación. El análisis es lo suficientemente lúcido como para que lo repitamos en cada uno de sus fases.

SATANISMO CONSCIENTE E INCONSCIENTE

Guenon considera que el satanismo es un desorden contemporáneo que hay que incluir en un orden mayor. Nos encontramos en una fase de decadencia que hay que insertar en el extremo terminal de un ciclo. Guenon repite a lo largo de su obra que el aparente desorden actual tiene una lógica que hay que insertar en la doctrina tradicional de los ciclos cósmicos. El discurrir del Cosmos -y de cada una de su partes, la Tierra, el Hombre- está sometida a una ley invariable: a una Edad de Oro, de máxima expansión, siguen tres períodos sucesivos de progresiva decadencia, tras los cuales se produce la consiguiente crisis terminal de la que nacerá un nuevo período áureo. Este instante final tendrá un carácter depurador. Así pues, el desorden aparente que representa nuestro actual momento histórico, encuentra su razón de ser y su normalidad dentro de este ciclo mayor; en otras palabras, la decadencia es inevitable, en la medida en que, partiendo de un estado edénico, insuperable, el devenir y la cotidianeidad no pueden sino generar procesos de disolución, primero apenas imperceptibles, que, progresivamente, van ganando en intensidad y dramatismo. Es necesario que lo anterior muera para que pueda manifestarse un nuevo período áureo, tal es el mensaje final de Guenon. Este desorden parcial inscrito dentro de un orden más amplio, no puede tomarse, al menos desde el punto de vista humano, como mero fatalismo irresistible y al que no vale la pena oponer ningún esfuerzo sino apenas dejarse llevar por la corriente de los acontecimientos. Guenon recuerda la palabra bíblica: "Es necesario que haya el escándalo, pero hay de aquel por quien se produce el escándalo". Y la advertencia va dirigida contra las formaciones contra-iniciáticas.

Para Guenon las condiciones cíclicas objetivas generan los procesos de decadencia, pero estos, al proyectarse sobre el mundo contingente precisan de factores subjetivos y voluntaristas. No hay decadencia sin hombres capaces de convertirse en vehículos de la misma. Hay que buscar en las filas del satanismo a los promotores inmediatos de la decadencia contemporánea. Esta posición puede parecer similar a la sostenida por los sectores tradicionalistas de la Iglesia Católica para los que Satanás se manifiesta e identifica con muchos planos de la actividad humana. Pero, en realidad, los adoradores de Satanás siempre han sido numéricamente pocos a lo largo de la historia y muy frecuentemente de personalidad irrelevante. No es gracias a ellos que el satanismo ha podido progresar e instarse en el mundo moderno. Hoy mismo, no existen dudas sobre lo exiguo de las "iglesias satánicas" y lo reducido y enfermizo de los conventículos diabólicos, sin embargo, ninguna época como la nuestra ha tenido rasgos satánicos tan acusados. Guenon salva esta aparente contradicción distinguiendo entre "satanismo consciente" y un "satanismo inconsciente".

LO GROTESCO DEL SATANISMO

Guenon reconoce que los "satanistas conscientes" no han sido nunca muy numerosos, y, frecuentemente, se reconoce en ellos lo "grotesco" del Diablo. No es por casualidad que, en nuestras catedrales góticas, las imágenes labradas hace casi setecientos años, nos muestren unos diablos cornudos, frecuentemente caricaturizados e, incluso, en ocasiones, tomando los rasgos prestados de micos. El Diablo, decían los antiguos, "es el mico de Dios", el gran imitador. Y si nos fijamos en las sectas actuales que se reclaman específicamente satánicas, hay en ellas una componente grotesca no desdeñable e imposible de pasar desapercibida. La misma "Iglesia de Satán" y los conventículos que de ella se han desprendido, no hacen sino confirmar este detalle: Sandor LaVey no ha dudado en aparecer en público cubierto con leotardos rojos, capa negra, cuernos y tridente de guardarropía y quizás el elemento más hábilmente manejado por Alex de la Iglesia para su "Día de la Bestia" sea esa característica grotesca que tan frecuentemente enlaza con lo diabólico y en donde radica el gran hallazgo de la película. Pero no es a este satanismo grotesco -"consciente"- al que vamos a referirnos ahora.

Guenon encuentra cuatro rasgos definitorios del "satanismo inconsciente". En primer lugar, nos dice, es algo teórico y mental; sus valedores, generalmente, no manifiestan interés por entablar una relación directa con entidades maléficas. Este rasgo se da en distintos grados, desde el extremo fronterizo con el "satanismo consciente" de aquellos que sienten una atracción enfermiza por el diablo y el mal, como sería la figura del Marqués de Sade que llega a teorizar que el Mundo ha sido hecho por un dios malvado y que, por tanto, seguir la ley de ese dios, implica, necesariamente, realizar el mal constantemente, hasta un satanismo teórico disminuido que ni siquiera hace referencia a lo diabólico, sino que se limita a erosionar la figura de Dios. Y también aquí existen grados: no es lo mismo el indiferentismo religioso que el ateísmo agresivo y militante de los librepensadores decimonónicos, no es lo mismo la doctrina mormona que sugiere que Dios es un ser corporal que habita en un planeta imaginario, Colob, que las ideas de William James, popularizadas por H.G.Wells, sobre la experiencia religiosa como un producto del subconsciente, el único canal a través del cual el hombre puede ponerse en contacto con lo divino. Guenon, a este respecto, comenta que "Entre los diversos elementos del "subconsciente", indudablemente, se contienen todo lo que, en la individualidad humana, constituyen huellas o vestigios de los estados inferiores del ser, y lo más seguro es que aquello con lo que el hombre se pone en comunicación, es lo que, en nuestro mundo, representa estos mismos estadios inferiores. Así, pretender que es aquí donde es posible comunición con lo Divino, es verdaderamente situar a Dios en los estados inferiores del ser, in inferis en sentido literal".

LA INVERSION DEL ORDEN NORMAL

Pero el "satanismo inconsciente" se descubre por alguna otra característica demasiado evidente que Guenon define como la inversión del orden normal de las cosas. "Lo Satánico -escribe Guenon-, puede aplicarse en rigor a todo cuanto supone negación e inversión del orden y no cabe la menor duda que ésto es lo que podemos ver a nuestro alrededor: ?es acaso el mundo moderno en definitiva diferente de la negación pura y simple de toda verdad tradicional?. Mas al mismo tiempo, tal espíritu de negación es también, por necesidad, el espíritu de la mentira; adopta todos los disfraces, incluso los más inesperados, para no ser reconocido e incluso para hacerse pasar por todo lo contrario, con lo que resulta plenamente manifiesta la falsificación; no hay mejor ocasión que ésta para recordar que "Satán imita a Dios" y también que se transfigura en el ángel de luz".
Algún ejemplo, tan reciente como polémico, ayudará a perfilar el pensamiento guenoniano. Lo esencial de la predicación de Cristo que ha llegado hasta nosotros en los textos evangélicos, discurre por canales religiosos; los aspectos sociales y las referencias que van más allá del núcleo evangélico, son irrelevantes o, en cualquier caso, muy secundarios en relación al contexto global que es, incontestablemente, de tipo religioso. Las innovaciones aportadas por la "teología de la liberación" suponen algo más que una caída de nivel (lo teológico, es decir, el estudio de lo superior, lo trascendente, no puede ser nunca inferior a lo sociológico, el estudio de la construcción humana), es la sustitución de la idea de "salvación del alma" por la de "salvación político-social". En este sentido -y solo en este- la "teología de la liberación" es una doctrina de corte, fundamentalmente, satánico. Guenon en este terreno es preciso: es satánico todo lo contrario al orden normal; la pregunta subyace inmediatamente ?cuál es el "orden normal"? Aquel que deriva directamente de la idea de trascendencia, que tiene esta idea por centro, objetivo y fin supremo.

La devaluación de la idea de trascendencia que realiza el "satanismo inconsciente" va pareja a la degradación e inversión de los símbolos. Los "vintrasianos" del siglo pasado, por ejemplo, oponían el "Cristo Doloroso" al "Cristo Glorioso", mientras que los modernos teólogos de la liberación oponen el "Cristo Obrero" al "Cristo Rey". Vintrás y sus seguidores solían utilizar la cruz invertida, no como un símbolo conscientemente satánico, sino explicando que era la cruz que descendía de Dios a los hombres. El hippismo popularizó, en la misma dirección, el símbolo de la paz en el interior de un círculo, que no era más que la runa de la muerte para unos y para otros una cruz invertida con los brazos transversales rotos. En el conocido "affaire" de Rennes-le-Château, los elementos satánicos son ampliamente visibles, pero muy pocos de los que lo han seguido han reparado que el pilar visigótico sobre el que se sitúa la imagen de la Virgen de la Salette muestra una cruz invertida. La hoz, símbolo de los druidas y el martillo, arma de Thor, se convirtieron en el símbolo de las revoluciones comunistas, junto con la estrella de cinco puntas, el antiguo "duath" egipcio; la svástika, plurimilenaria y universal, pasó a ser símbolo de un partido ultranacionalista... Un símbolo reconducido de su significado originario a una inversión pura y simple, es para Guenon, uno de los rasgos característicos del "satanismo inconsciente".
Tampoco esta modalidad de satanismo se ve libre de los aspectos grotescos que acompañan siempre al Diablo. Es significativo que Guenon dedicara veinte páginas al Maligno en su libro sobre el Espiritismo, doctrina que consideraba lo suficientemente grotesca como para ver en ella un fondo de "satanismo inconsciente". Un médium, Jules Berel, se decía "secretario de Dios", otro, Paul Auvard, decía "escribir bajo el dictado de dios". Hoy las cosas no han cambiado mucho. En cada gran ciudad legiones de "contactados" afirman recibir mensajes de extra-terrestres como ayer los espiritistas decían recibirlos de los muertos; no importa el tiempo que ha pasado, todos los mensajes hacen gala de una banalidad exasperante o de un seudo-profetismo patológico. La pequeña historia de la ufología está plagada de individuos en los cuales actuaciones histriónicas y rasgos grotescos se dan cita para producir movimientos mesiánicos que, no por risibles, menos peligrosos. La Orden del Templo Solar o la Puerta del Cielo, defendían doctrinas que harían sonreír de conmiseración sino fuera por la oleada de suicidios que les siguieron. Algunas de las interpretaciones de Freud y, no digamos de Wilhem Reich, reflejan algo más que sus obsesiones personales, sus carencias y sus traumas afectivos: desprovistas del aura seudo-científico quedan reducidas al nivel de bromas de pésimo gusto. La "New Age", finalmente, ha traído toda una secuela de videntes que no ven, sanadores que no sanan y tarotistas cuyo índice de previsiones está muy por debajo del cálculo normal de posibilidades, chamanes improvisados, "canalizadores" cuyo destino no sería otra que el psiquiátrico, sino fuera por que el movimiento en su conjunto es tomado en serio por gentes de los más diversos horizontes. La trascendencia se caracteriza por la serenidad que imprime en sus representantes y en quienes siguen sus vías; lo satánico, como no podía ser de otra forma, es una irrisión inestable, chocarrero y burlesco. Entre Dios y el Diablo hay la misma distancia que la establecida por la jerarquía de las cortes medievales, entre el Rey y el Bufón. "Lo grotesco -termina Guenon- es la marca inequívoca de algo de orden inferior, incluso cuando la fuente está en el ser humano, procede seguramente de las mas bajas regiones del subconsciente".

Finalmente, otra característica sorprendente del "satanismo inconsciente" es la abolición de toda perspectiva metafísica en beneficio de lo que es exclusivamente moralista, por estricto que sea. Guenon apunta sobre esta característica: "Las cosas "consolantes" y "moralizantes" son precisamente a nuestros ojos de orden mas inferior y es preciso estar cegado por algunos prejuicios para encontrarlas "elevadas" y "sublimes". Colocar la moral por encima de todo como hacen los protestantes y espiritistas es invertir el orden normal de las cosas; esto mismo es pues diabólico, pero no quiere decir que todos los que piensan así estén en comunicación directa con el diablo". ?Por qué esta inquina contra el moralismo? Guenon lo sufrió en los círculos ocultistas, forjados a imagen y semejanza de la mentalidad victoriana, la cual, a su vez, no era sino un reflejo tardío del moralismo protestante. Allí donde la metafísica ha caído en la incomprensión aparece la teología excluyente y cuando esta es combatida hoy, lo es en nombre del moralismo. Toda verdadera teología puede ser expresada en términos metafísicos, pero no a la inversa. En cuanto al moralismo supone una alteración del "orden normal" en cuanto que sustituye el ascesis interior y la iniciación por las "buenas obras". Este fenómeno apareció brutalmente con la irrupción de la sociedad burguesa y alcanzó su exasperación con los movimientos neo-espiritualistas del siglo pasado (teosofismo, seudo-rosacrucianismo, ocultismo en general) y, cien años después, ha irrumpido, si cabe con más fuerza, en el movimiento de la "New Age". Es sorprendente como estos círculos insisten en temas completamente banales que deberían abrir el camino hacia la "liberación" y hacia "otros estados de conciencia"; es condición sine-qua-non ser vegetariano, sin que importe el hecho de que en las biografías de la mayoría de santos y místicos se encuentren indicaciones de que hubieran renunciado a una dieta basada en proteínas animales. La desviación aparece con el protestantismo que sitúa el moralismo como un sustituto de los ritos y sacramentos, pero, en cualquier caso carente de valor iniciático y religioso. El vacío iniciático de la Sociedad Teosófica hizo que la Blavatsky imprimiera a su doctrina un contenido moralizante en el que el antialcoholismo, la lucha contra la vivisección, el sufraguismo, el vegetarianismo y el pacifismo, ayudaban a "evolucionar" al ser humano, adquiriendo una dimensión ocultista. En la misma dirección, distintas sectas ocultistas anglosajonas, llegan a atribuir importancia iniciática a la abstención del vino, olvidando, sin embargo, que ha sido utilizado por muchos rituales a lo largo de los siglos. Así por ejemplo, los miembros de las Logias de Temperancia se comprometían a abstenerse de toda bebida alcohólica y otra orden para-masónica norteamericana, la los Buenos Templarios -olvidando que seiscientos años después de la desaparición de los monjes guerreros, en Europa ha quedado el dicho "Beber como un templario" atribuido a aquellos bebedores impenitentes- se comprometía a loables intenciones antietílicas. A otros "ocultistas" les ha dado por la lucha contra la vacuna y la inoculación, opiniones perfectamente legítimas en sí mismas pero que no tienen nada que ver con la espiritualidad.

Humanitarismo, sentimentalismo, moralismo, en definitiva, son los sustitutivos de la iniciación ofrecidos por el "satanismo inconsciente" del que habla Guenon. Pero aun quedan otras características.

LAS FALSIFICACIONES DEL SATANISMO INCONSCIENTE

Queda hablar del odio y la falsificación que tiende a realizar el "satanismo inconsciente" de cualquier forma religiosa tradicional, en su esoterismo y en su exoterismo. Guenon, avalando esta tesis, cita la figura extremadamente problemática del Clement de Saint Marcq, presidente de la Federación Espiritista Belga y de la Oficina Espiritista Internacional en 1912. Saint Marcq publicó un folleto titulado "La Eucaristía" que ha influido en determinadas concepciones de otros ocultistas, más próximos al satanismo, como Theodor Reuss y Aleister Crowley. Massimo Introvigne ha dicho lo que Guenon juzgó prudente callar en su libro sobre el Espiritismo. Saint Marcq aludía en su folleto a la "magia sexual" y, más en concreto, a la "espermatofagia" (ingerir el propio semen en el curso de una ceremonia mágica), una práctica que llegaba a atribuir a Cristo (Guenon, púdicamente, aludía a "prácticas problemáticas"). Por otra parte no hay más que recordar la bajeza a la que llegaron los librepensadores del siglo pasado en su polémica anticristiana, o las falsificaciones continuadas del hinduismo realizado por la Blavatsky, o del budismo acometida por sus discípulos (con Annie Besant y Sinnet a la cabeza), concluyendo las infames descripciones realizadas por un fontanero inglés sobre el tantrismo tibetano y firmadas por Lobsang Rampa, o la parodia de religiosidad laica, puesta en marcha por Auguste Compté y su positivismo, para percibir una inequívoca tendencia hacia la falsificación deliberada de las formas esotéricas tradicionales. Y, por supuesto, en este mismo contexto podemos situar los intentos de formaciones nacidas en la India (Aryan Samaj y Bhrama Samaj) por dar un contenido "occidental" a la doctrina vedantina, reduciéndola casi exclusivamente a un moralismo descafeinado.

Para quienes conozcan la temática de todas estas escuelas resulta evidente como recuerda Guenon que se trata de algo más que una discusión informal e inofensiva. No se trata de oponerse al esoterismo tradicional y a sus formas, sino que revistan algo que va mucho más allá de una negación pura y simple. Son su inversión. No se trata de anti-tradición, sino de contra-tradición. Mientras que la primera suele traducirse en un materialismo práctico y cotidiano, la contra-tradición pretende, en cambio, falsificar las doctrinas tradicionales. La mera idea de anti-tradición ya implica que no existe posibilidad de rito iniciático, esto es de la transmisión de una influencia espiritual. En el momento en que aparece la anti-tradición en una formación o una escuela concreta, el espíritu se retira y por tanto no es posible que exista una iniciación. La contra-tradición, solo está en condiciones de generar una parodia: la contra-iniciación. Guenon dice al respecto: "Al no poder conducir a los seres hasta los estados "supra-humanos", como la iniciación, ni limitarse al mero ámbito de lo humano, la "contra-iniciación" les arrastra indefectiblemente hacia lo "infra-humano" siendo aquí precisamente donde se localiza lo que le resta de poder efectivo; no es difícil comprender que esto es algo completamente diferente a la comedia de la "seudo-iniciación". El en esoterismo islámico, se dice que aquel que acude a una "puerta" determinada sin haber llegado a ella por una vía normal y legítima, ve cómo esta puerta s cierra ante sus ojos viéndose obligado a volver atrás, si bien no como simple profano, pues ello resulta ya imposible, sino como sâher (brujo o mago que opera en el ámbito de las posibilidades sutiles de orden inferior)". Tal es, en síntesis, la vía infernal que se opone a la vía celeste. La vía contra-iniciática aboca a la total desintegración del ser consciente y en su disolución irreversible.
Nuestro autor marca distintas fases o etapas de decadencia. Primero se produce una tenue desviación que luego, progresivamente, se va agudizando. Alcanzado un punto puede empezarse a hablar ya de "subversión" y, finalmente, de "inversión" siendo éste el estado diametralmente opuesto al normal. Resume Guenon: "La primera de las dos fases que hemos distinguido en la acción anti-tradicional representa sencillamente una obra de desviación cuya meta legítima no es más que el más completo y burdo materialismo; en cuanto a la segunda fase, ésta podría caracterizarse más especialmente como una obra de subversión que debe lógicamente abocar en el establecimiento de lo que ya hemos llamado una "espiritualidad al revés".
Guenon sostiene que la acción anti-tradicional tiende por todos los medios a arrastrar a los hombres hacia lo "infra-humano". El motor subjetivo de este proceso es la contra-iniciación, que designa a aquellos agentes a través de los cuales se opera la acción antitradicional. El seguimiento del proceso de decadencia en la actual fase del ciclo ha sido abundantemente tratada por René Guenon y Julius Evola en varios de sus trabajos; el primero lo resume en su última fase diciendo que el cambio que tuvo lugar el los siglos XVII y XVIII respecto a la Edad Media, fue tan completo y tan brusco que en modo alguno ha podido realizarse de una forma natural y espontánea: "Era preciso, en primer lugar, reducir al individuo a sí mismo (...), obra fundamental del racionalismo (...); por lo demás, es obvio que el racionalismo entró en acción antes incluso de recibir el nombre (...) Aparece ya en el protestantismo; además el "humanismo" del Renacimiento no era en sí más que el precursor directo del racionalismo propiamente dicho, ya que al decir "humanismo" se afirma la pretensión de reducirlo todo a unos elementos puramente humanos y por lo tanto la exclusión de todo cuanto pertenece al orden supra-individual. Posteriormente, era necesario desviar la atención del individuo hacia las cosas exteriores y sensibles, con el fin de encerrarle, digámoslo así, no sólo en el ámbito humano, sino mediante una limitación mucho más angosta, únicamente en el ámbito corpóreo; éste es el punto de partida de toda la ciencia moderna (...). La ciencia decayó también. El mecanicismo preparó directamente el camino del materialismo que se iba a encargar de señalar la completa reducción del horizonte mental al mero ámbito corpóreo, considerado en lo sucesivo como la única "realidad", quedando, así mismo despojado de todo cuanto no podía ser considerado como puramente "material". La ciencia profana que siempre había sido mecanicista a partir de Descartes y que, desde la segunda mitad del siglo XVIII iba a hacerse más específicamente materialista, convirtiéndose, a lo largo de sus sucesivas teorías, en un cuerpo cada vez más exclusivamente cuantitativo, al tiempo que, al ir penetrando el materialismo en la mentalidad general, llegaba a determinar en ella esa actitud, independiente de toda afirmación teórica, pero tanto más difusa y reducida a la calidad de una especie de "instinto" que hemos denominado el "materialismo práctico" (...)El hombre "mecanizaba" odas las cosas y finalmente se "mecanizaba" a sí mismo, cayendo gradualmente en el estado de las falsas "unidades" numéricas extraviadas en el seno de la uniformidad y la indistinción de la "masa", es decir, en definitiva, en la multiplicidad". Tal es, globalmente, el camino que lleva de la anti-tradición a la contra-tradición, pasando por la subversión. Guenon sostiene que la acción de la contra-tradición es efímera y fundamentalmente inestable, para entender su implacable razonamiento hay que pasar a otro terreno.

PEQUEÑOS Y GRANDES MISTERIOS

Guenon, utilizando la clasificación tradicional propia del mundo clásico, nos habla de Pequeños Misterios y de Gran Misterios, que, lejos de ser dos géneros diferentes de iniciación, son dos fases o grados de una misma iniciación. Los Pequeños Misterios, no son más que una preparación para los Grandes. Guenon recuerda que cada ser no puede ir más allá de donde se detienen sus posibilidades individuales, por tanto algunos solo podrán estar cualificados para los Pequeños Misterios. Los Pequeños Misterios comprenden todo lo que se relaciona con el desarrollo de las posibilidades del estado humano encarado en toda su integralidad: culminan en lo que podemos llamar la perfección de este estado, a la que Guenon alude como "restauración del estado primordial". Los Grandes Misterios, en cambio, conciernen a la realización de los estados suprahumanos; tomando al ser en el punto en que lo han dejado los Pequeños Misterios, centro del dominio de la individualidad humana, los otros aspiran a situar al iniciado en el camino de la "liberación final" o la "identidad suprema". Guenon, haciendo un similar geométrico habla de "realización horizontal" y de "realización vertical", sirviendo la primera de base a la segunda, encarnan respectivamente los Pequeños y los Grandes Misterios. Aquellos son representados simbólicamente por la Tierra, que corresponde al dominio humano, mientras que la realización suprahumana es descrita como una ascensión a través de los cielos, que corresponden a los estados superiores. Para emplear el lenguaje de Dante, el Paraíso terrestre es una etapa del camino que conduce al Paraíso celeste. Los Grandes Misterios están en relación directa con la iniciación sacerdotal y los Pequeños con la iniciación real. El primero de estos dominios es de orden "sobrenatural" o "metafísico", mientras que el segundo es solo de orden natural o físico. Los Pequeños Misterios comportan el conocimiento de la naturaleza, los Grandes el conocimiento de lo que está más allá de la naturaleza. Los Pequeños Misterios dependen de los Grandes y ahí tienen su principio, lo mismo que el poder temporal para ser legítimo, depende de la autoridad espiritual y en ella tiene su principio. Los Pequeños Misterios sirven para preparar a los Grandes, es decir preparar la toma de posesión de los estados superiores del ser, es por ello que éstos tienen por objeto el conocimiento metafísico puro, esencialmente uno e inmutable. Aquí no hay error posible, ni desviación susceptible de aparecer, esto solo puede aparecer en la zona de los Pequeños Misterios. Cuando aparece una pequeña ruptura entre ambas escuelas de Misterios, los "pequeños misterios" terminan siendo tomados como un fin en sí mismo.
La contra-iniciación y las distintas formas de satanismo solo pueden actuar en el terreno de los "pequeños misterios". Se dice que, cuando quiere, el diablo es un buen teólogo, pero hay un dominio que le está prohibido, el de la metafísica que es el propio de los Grandes Misterios. La posibilidad de extravío subsiste en los Pequeños Misterios en tanto que el ser no está aún integrado en el "estado primordial" pero que cesa de existir desde que él ha alcanzado el centro de la individualidad humana; es por eso puede decirse que quien ha alcanzado ese punto, es decir el acabamiento de los "pequeños misterios", ya está virtualmente liberado, aunque solo lo pueda ser efectivamente, cuando haya recorrido la vía de los "grandes misterios" y finalmente realizado la "identidad suprema".

Para la corriente tradicionales representada por Guenon ?qué es exactamente el Diablo? ?tiene entidad propia? ?es un ser personalizado? Distintos textos del propio Guenon y de varios de sus discípulos parecen conformes en este punto: el diablo, no es para ellos, un ser personal, como tampoco Dios lo es; uno y otro, a efectos didácticos y sobre el plano exotérico, adquieren una forma personalizada, pero en realidad, tanto desde el punto de vista del esoterismo como de la metafísica que está en su centro, el Diablo es una fuerza maléfica. Es característico de la corriente tradicional concebir el mundo como el escenario de la colusion de fuerzas que vehiculizan distintos temperamentos y estados de ánimo. Así por ejemplo, un tradicionalista jamás dirá: "estoy colérico", sino más bien "la cólera ha entrado en mí". Otro tanto ocurre con la noción de Mal.

OCULTISMO Y CONTRAINICIACION

Esto choca frontalmente con los criterios del ambiente ocultistas. Allan Kardek, por ejemplo, enseña que los "malos espíritus" mejoran progresivas y, casi, inevitablemente. Guenon recuerda que para Kardek, ángeles y demonios son igualmente seres humanos situados en los dos extremos de la "escala espirita". "Diversos ocultistas pretenden que lo que aparece como fuerzas, son en realidad seres individuales, más o menos comparables a los seres humanos; esta concepción antropomórfica es lo contrario de la verdad".

En Guenon todo esto no se quedó en teorías. De hecho, la obra de Guenon es una incitación a realizar una práctica de ascesis dentro de una formación tradicional, exotérica o esotérica. Guenon no tardó en enfrentarse abiertamente a algunos notorios ocultistas de su tiempo en los que veía reflejadas formas contra-iniciáticas y "satanismo inconsciente". Sus ataques a los teósofos más notorios, pero más especialmente a los ocultistas Charles Detré ("Teder"), Thedore Reuss, Aleister Crowley, Gurdjief, Joanny Bricaud y René Schwaller de Lubicz, le valieron el ser objeto de "ataques psíquicos". Un amigo y colaborador de Guenon define su situación en la época: "Había sido víctima de ataques "materializados" bajo la forma de animales negros y especialmente de un oso negro del cual le quedaba el rastro de una mordedura en el cuello. Por mi parte, volviendo con él a su casa (había salido a la calle para "desviar" el ataque del que estaba prevenido) hemos encontrado uno de los vidrios de su oficina estallado como si se le hubiera lanzado un objeto pesado. Tamos llegó poco después y Guenon le pidió intentar ver de donde venía el ataque. Tamos se concentró y, durante un momento, describió dos personajes -un hombre y una mujer- que no conocía pero que Guenon identificó como algunos de sus enemigos habituales". Guenon sostenía que estos ataques procedían de los medios contra-iniciáticos y aprovechaba las cualidades paranormales de Tamos -más incluso que su identidad doctrinal con él- para protegerse de estos ataques.

Enfrentarse al Maligno y denunciar sus tretas, siempre ha entrañado un cierto peligro...

lunes, 5 de mayo de 2008

SECTAS SECRETAS Y SOCIALISMO UTOPICO


La idea de la reencarnación es relativamente nueva; ninguna doctrina tradicional, ni en su esoterismo, ni en su exoterismo admitió que el alma pasara de un cuerpo a otro, a través de una cadena de existencias sin fin. (1) ?De donde nos llegaron pues las tesis reencarnacionistas?
René Guenon en su estudio sobre el teosofismo investigó el origen del mito reencarnacionista. Sus pesquisas le llevaron a establecer que la idea tomó cuerpo entre 1830 y 1848 en los ambientes socialistas franceses. Antes, en la segunda mitad del siglo XVIII, solo Teófilo Lessing, había formulado ideas reencarnacionistas, pero no puede afirmarse que los socialistas utópicos las tomaran de él.


A través de la reencarnación, Fourier y Leroux -dos exponentes del socialismo utópico del siglo XIX- querían explicar el origen de las desigualdades sociales como premios o castigos en existencias vividas anteriormente.

En sectores del anarquismo, en buena parte de la escuela socialista utópica, y del socialismo fabiano, incluso en el entorno de Carlos Marx (campeón del socialismo "científico"), pueden individualizarse interrelaciones con sectas ocultistas y sociedades secretas. Vale la pena ver como los paradigmas de racionalidad extrema, se interfieren con los de la irracionalidad mas absoluta.

SAINT-SIMON, FOURIER, LEROUX, OCULTISMO Y SOCIALISMO UTOPICO

El llamado "socialismo utópico" nació al acallarse el sonido de las guillotinas de la revolución francesa. Fue un producto del impacto del industrialismo, las ideas progresistas del Enciclopedismo y las enseñanzas impartidas en ciertas sectas (masónicas, martinistas e iluministas). Estos primitivos socialistas quieren llevar a la práctica las ideas de la revolución francesa, y para ello, unos, no dudaron en fraguar siniestras conspiraciones, mientras que otros pusieron en práctica sus fantasías y varios de ellos llegaron incluso al asesinato político. Y todo ello, teniendo como epicentro el país de la razón...

Del Conde de Saint-Simon se dijo simplemente que estaba loco. En un reciente artículo, el psicólogo Georges Dumas argumentó que su particular estado mental se debía a "accidentes nerviosos imputables a la psicología un poco especial de los fundadores de religiones". Saint-Simon, más que creador de una ideología política, es el fundador de una secta mística, socialista, como hoy no podemos concebirla, pero religiosa, al fin y al cabo.

Decía ser descendiente de Carlomagno y fue el rey de los francos quien se le apareció en un sueño -mientras esperaba ser guillotinado en el período del "terror jacobino"- llamándole por el camino de la política y la filosofía. Indultado, se aprestó a la tarea.

Pocos personajes del siglo XIX han sido tan anticatólicos como Saint-Simon; se negó a recibir la primera comunión y mordió al cura que intentaba dársela. Mas tarde manifestó su interés en quemar Notre Dame de París utilizando billetes sin valor emitidos por la Convención. Odiaba en especial la figura del sacerdote católico y proponía colocar en la cúspide de la pirámide social al científico. Estos debían ejercer el poder espiritual. En cuanto al resto de la población -salvo literatos y artistas que ocuparían el papel de la nobleza y el clero del antiguo régimen- su destino era el trabajo. Todo lo anterior que tendía a destruir el sistema feudal y de castas no era óbice para que Saint Simon fuera un ferviente admirador de la Edad Media; recomendaba -y esto, como en muchas cosas, es un adelantado a su tiempo- la unidad europea justificándola en el ecumenismo medieval.

En Saint-Simon se encuentran todos los rasgos que se repetirán en el resto de los socialists utópicos; sus teorías serán completadas por Fourier, quien, además, intentará llevarlas a la práctica. Fourier había vivido en Lyon, capital, en ese tiempo, del ocultismo europeo; colaboró con los iluministas en la edición del "Bulletin de Lyon", a través de sus discípulos conoció a franc-masones -varios testimonios afirman que perteneció al Gran Oriente de Francia- y a la Orden Martinista, contactó también con los primeros teósofos (varios de sus partidarios lo eran). Es cierto que se negó a recibir a Fabre d'Olivet, el gran esoterista francés del siglo pasado, pero no es tan extraño si tenemos en cuenta que éste pertenecía a otra "sensibilidad" y con frecuencia denunciaba la excesiva credulidad del ocultismo. Algunos de sus discípulos (como Hipólito Carnot) pertenecieron a la Orden del Temple reconstruida en el período napoleónico por Fabré Palaprat.

Creía en la existencia extraterrestres e incluso describía sus peculiariades: "[los habitantes del sol y de la Vía Láctea] son anfibios, porque tienen abierto el tabique del corazón y tienen un quinto miembro común a los dos sexos", escribió. Ahora bien, tras esta frase, lo que podemos ver son ecos deformados de enseñanzas rosacrucianas mal comprendidas y peor asimiladas: mito del andrógino, "inteligencia del corazón" (intuición espiritual), la vida terrestre como sometida a las "aguas turbulentas" del espíritu, tal como decían los hermetistas, etc. Es más que probable, a tenor de todo esto, que Fourier recibiera algún tipo de enseñanza esotérica incompleta y confundiera realidad con símbolo, alegoría con materialidad. Volvemos a encontrar confirmaciones de esta hipótesis en la tesis de Fourier según la cual el movimiento social es el reflejo especular del movimiento celeste y lo que ocurre en la Tierra la réplica del movimiento de las estrellas.

¿Acaso no es esta una formulación deformada de la ley enunciada por la Table Esmeralda "lo que está arriba es como lo que está abajo"? "Todo se refleja en todo", responde Fourier.
Esta ley de semejanza le lleva al terreno de la práctica: si en el cosmos reina la Armonía, hay que llevar al armonía a la Tierra y a las relaciones sociales. La Armonía en el Cosmos es número -Fourier estaba obsesionado por la aritmosofía y era capaz de realizar mentalmente cálculos matemáticos complicados- por ello cuando enunció lo que para él era la estructura social ideal -la falange y el falansterio- se atuviera a correspondencias numerológicas: habrá, por ejemplo, una diferencia de hombre y mujeres de 1/21 (también estaba interesado por los 21 arcanos mayores del Tarot y él mismo diseñó una baraja), en cada "falange" habrá 8 reyes y reinas; por lo demás, el jefe será el "omniarca del globo"...

Este socialismo utópico no era, ni remotamente, ateo; creía en el Dios de la Armonía, más próximo al Gran Relojero de los enciclopedistas y al Arquitecto del Universo de los franmasones que al Dios cristiano. Saint-Simon haciéndose eco de viejas enseñanzas lo definía como andrógino. Para Fourier este dios era el punto de partía de su cosmogonía: el sistema solar es una porción de infinito, en realidad el universo es casi infinito, está compuesto por veintitrés illones de sistemas solares parecidos al nuestro ("1 seguido de 96 ceros"). Los planetas son mediadores entre el hombre y la divinidad; tienen vida propia (instintos, pasiones, etc.) e incluso un aroma propio, que impregna a todos los seres...

No duda de la existencia de una vida de ultratumba y establece leyes que regulan las sucesivas reencarnaciones de los seres: nuestra alma migrará 810 veces de uno a otro mundo, 756 de estas existencias serán felices y 45 desgraciadas, dos tercios de ese tiempo (54.000 años) se pasarán en el otro mundo, un tercio en este (27.000 años), véase que la suma de las cifras que componen cada número es 9 en todos los casos: el número de la Armonía para Fourier.
Nunca se puso en práctica comunidad alguna parecida al falansterio. Sus discípulos se han extinguido y solo atrae la atención de los estudiosos. También se han perdido las claves simbólicas y ocultistas para comprender sus enseñanzas. Hoy, Fourier, ocupa un papel exótico en la historia del socialismo, a pesar de ser el precursor de nociones como la del salario mínimo, la organización industrial, el taylorismo, etc.

En general, todos estos pensadores -hay que añadir a Owen y a Pierre Leroux- son anticapitalistas, pero esta posición se basa en una análisis místico y casi religioso. Es Carlos Marx quien transforma esta posición en materialista y científica. Todo en el socialismo utópico es una inversión: los sacerdotes convertidos en científicos, el Gran Emperador, conquistador de territorios, como inversión del Rey del Mundo metafísico, el trabajo industrial como inversión del trabajo corporativo artesanal, y así sucesivamente.

Así pues, cuando Leroux, experimenta con tierra del Támesis, orina y sus propios excrementos, dice una frase que cobra su verdadero sentido como inversión de los arquetipos tradicionales: "?No encontrais, señores que soy un alquimista singular? Los alquimistas corrientes buscan oro, y yo he encontrado tierra". Así mismo, mientras los rosacruces proponían el dominio de las pasiones en el ser humano, Fourier proponía en cambio estudiarlas -casi de manera "voyerista"- prescribiendo que cada falansterio debía tener un cierto número de pervertidos y desviados sexuales, para su observación...

Todas estas tendencias se agudizarán y extremizarán con Graco Babeuf (fundador de la Sociedad de los Iguales y agitador en varias conspiraciones orquestadas por las sociedades secretas del primer tercio de siglo en Francia), y, sobre todo, con Esteban Cabet, uno de los doce miembros de la dirección suprema de los Carbonarios y fundador de varias comunas -que fracasaron regularmente- en línea con lo que llamó "comunismo icario". Narciso Monturiol, inventor del primer submarino español, perteneció a la escuela de Cabet. No fue el único.
Por su parte Constantin Pecqueur constituyó la Sociedad Filadelfa, de carácter comunista, no marxista, que por primera vez estableció la consigna: "Filadelfos de todos los países, uniros", y así mismo enunció la teoría de la acumulación del capital que luego Carlos Marx incorporaría al Primer Tomo de El Capital. Pecqueur era, así mismo, miembro del Gran Oriente de Francia...

LOS CARBONARIOS Y SUS CONSPIRACIONES

Las sectas carbonarias que se extendieron principalmente por Italia y Francia en la primera mitad del siglo XIX, no son solo sociedades secretas de contenido ocultista, sino movimientos subversivos que intentaron derrocar a los poderes políticos y sustituirlos por utopías políticas socialistas.
El primer cuarto del siglo XIX registró la floración de sociedades secretas conspirativas de uno y otro signo. Las primeras fueron monárquicas y legitimistas (la Sociedad de los Francos Regenerados, la Sociedad de los Caballeros del Trópico, etc.), cuando se produjo la restauración de la monarquía en Francia, fueron sustituidas por asociaciones republicanas y socialistas.
Su origen es, en cierto sentido similar a la masonería y muchos de sus miembros compartieron militancia en las logias masónicas. Los carbonarios tienen su origen inmediato en la Hermandad de los Buenos Primos, constituidas por artesanos del Jura. Algunos exiliados políticos se refugiaron en estos bosques y allí conocieron a leñadores que elaboraban carbón de madera. Adoptaron sus símbolos y lenguaje corporativo, como la masonería había hecho con las hermandades de constructores.

Inicialmente su proyecto político se limitaba a unificar Italia en 21 provincias federadas bajo el nombre de Ausonia. Su bandera sería triangular. Mazzini dió forma política al proyecto constituyendo la "Giovane Italia", al que seguiría una dimensión continental con la "Joven Europa". Por entonces el carbonarismo estaba extendido a Italia, Francia, Suiza, Polonia, España e Inglaterra...

Sus juramentos se realizaban con el puño cerrado y alzado, expresión de la unión fraternal de los iniciados. Los templos eran los bosques y su decoración, troncos de leña, hachas, corona de espinas, fuego y agua. Estaban organizados en "Ventas" (equivalentes a las logias masónicas) compuestos por diez miembros. El fundador de la "venta" era su "diputado". Cada "venta" era un compartimento estanto relacionado solo con el nivel superior por medio de su diputado.
El aspirante a entrar en una "venta" debía responder con gestos a un curioso interrogatorio sobre temas forestales y si era aceptado se sentaba sobre un tronco cortado, sosteniendo un hacha con su mano izquierda. Con un puñal apoyado contra su pecho debía jurar guardar secreto sobre la "X" (la hermandad carbonaria, cuyo nombre no se pronunciaba jamás). Varios renegados de la secta pagaron con su vida el quebrantamiento de su promesa; el carbonarismo no bromeada en eso. Otros signos de reconocimiento eran cinco golpes dados con el dedo sobre el brazo de otro miembro (uno aislado, dos rápidos y tres lentos, simbolizando la fe, esperanza y caridad). Con sus manos esquematizaban una escalera para reconocerse. Utilizaban claves para leer sus documentos. Sus patronos eran San Teobaldo y Francisco I, rey de Francia, protector de la masonería forestal.

El carbonarismo italiano fue fundado por Maghela, en 1814, ministro napolitano de policía con Murat, con el ambicioso proyecto de unificar Italia. Al fundarse en Berna "Joven Europa", convergieron grupos de todo el continente. En Polonia, por ejemplo, el movimiento de Mazzini heredó el grupo de "Templarios Polacos" que cambio su nombre por el de "Joven Polonia", conservando su objetivo de liberar la nación. "Joven Alemania", protagonizó el movimiento insurreccional de 1848. En Francia, el carbonarismo se extendió como una mancha de aceite en unidades militares. En 1822 intentó la primera sublevación contra la monarquía; el complot fracasó, pero mes y medio más tarde estuvo en condiciones de repetir la intentona. La indecisión de un oficial desbarató el plan y varios conspiradores fueron ejecutados.

A pesar de estos fracasos los carbonarios franceses celebraron en 1923 su congreso clandestino en Lyon -capital del ocultismo francés en la época- que resolvió enviar combatientes a la guerra que libraban en España, en esos momentos, liberales y absolutistas, apoyados estos últimos por tropas francesas. La acción carbonaria -tal como recuerda un informe del cónsul de Corfú al barón Pasquier- se vió obstaculizada por una sociedad secreta española -los Comuneros- que rechazaba la intervención extranjera. El 6 de abril de 1823 una columna francesa que entraba en España fue atacada al cruzar el Bidasoa, cerca de Behovia, por carbonarios franceses; éstos, cantando la Marsellesa y enarbolando la bandera tricolor -ambas prohibidas en Francia en ese momento- sufrieron 14 bajas.

La revolución de 1830 fue impulsada por las "Ventas" carbonarias: Barthe, miembro de la dirección suprema del carbonarismo instigó a un grupo de patronos que despidieran a sus obreros y aprovechar el descontento creado para lanzar a las masas a la calle. El triunfo llevará a Felipe Igualdad al poder que, en agradecimiento, nombrará a tres ministros carbonarios, entre ellos Barthe, maquiavélico instigador de los sucesos.

En estas intentonas se curte la personalidad de Blanqui, dotado de rasgos luciferinos, aventurero capaz de llevar al matadero a sus amigos más próximos, pequeño, enclenque, jamás reía, orgulloso, inmpulsor de varias organizaciones conspirativas y, sobre todo, instigador de revueltas y motines. Existen dudas sobre la pertenencia de Blanqui al carbonarismo, pero es indudable que se rodeó de antiguos miembros de la secta para crear su propia sociedad secreta, "Las Familias".
La orientación de la sociedad era revolucionaria y socialista. Las fórmulas de juramento e iniciación suponían un sincretismo entre la masonería y el carbonarismo. "Juro amar y servir a mis hermanos y sacrificar mi libertad y mi vida", decía la fórmula de aceptación que el neófito pronunciaba con los ojos vendados.

Cada "Familia" estaba compuesta por doce miembros y cada una era un compartimento estanco. En 1836 los conspiradores fueron descubiertos y las "Familias" desarticuladas. Menos de un año despues se habían reconstruido con el nombre de "Las Estaciones", dirigidos también por Blanqui. Los rituales eran prácticamente idénticos y solo cambiaba la terminología; la unidad de base era la "semana" (seis miembros dirigidos por un séptimo); cuatro semanas formaban un "mes", tres meses tenían a un "Estación" por jefe, cuatro "estaciones" a un agente revolucionario.
"Las estaciones" reclutaron sobre todo entre la clase obrera. Había entre ellos varios fourieristas. En mayo de 1939 estalló la conspiración; el millar de hombres que se alzaron en armas, ignoraban el nombre de sus jefes. Barbes y Blanqui, fracasaron y fueron condenados a muerte, e indultados. Pasaron años de cárcel pero no renunciaron a sus furores conspirativos.
En el plano teórico Blanqui anticipó lo que Marx enunciaría más sistemáticamente como "lucha de clases". Al producirse la sublevación de la Comuna de París reclamó la bandera roja como símbolo del alzamiento.

Nuevo encarcelamiento y, a su puesta en libertad, en 1859, nueva asociación secreta; esta vez "Los Cocodrilos". Una conspiración más con intento de asalto al fuerte de Vincennes se saldará con otro fracaso. Fue su canto del cisne.
Era un teórico más que un hombre de acción; invariablemente, una vez iniciaba una conspiración, antes o despues se le escapaba de las manos y se veía arrastrado por ella. Fue el inventor del término "libre-pensador"; ateo, por supuesto, creía, sin embargo, en la vida eterna, el más allá y la reencarnación: "Cada uno de nosotros ha vivido, vive y vivirá sin fin". También creía en las correspondencias entre macrocosmos y microcosmos: "Todo lo que se hubiera podido dar aquí abajo, se da en cualquier otra parte".

Murió en 1881. Había pasado 30 años de reclusión en distintos períodos. Con él murió también una parte del socialismo místico; le sustituiría el socialismo científico de Carlos Marx y el socialismo libertario de Bakunin, Kropotkin y demás, altamente tributarios ambos de las utopías románticas.

CONCLUSION: SOCIALISMO UTOPICO = SOCIALISMO SECTARIO

Romántico, conspirativo, místico, ligado a sectas secretas, organizaciones ocultistas, obediencias masónicas y ambientes exóticos, el socialismo utópico tiene una página propia en la historia de las ideas políticas. Hoy, cuando el marxismo ha sido prácticamente enterrado como ideología, los ecos del socialismo utópico se perciben en movimientos ecologistas, alternativos, y comunitarios. En cuanto al carbonarismo, sus exponentes son hombres tenaces de una raza de conspíradores impenitentes hoy que parecen haber desaparecido de la faz de la tierra.
Lo realmente asombroso es la colusión que se produce entre pensamiento místico-ocultista y voluntad de influir en los destinos de los pueblos. Hay que reconocer a los socialistas utópicos que intentaran, casi por última vez en la historia de las ideas políticas, aplicar -por emplear una terminología platónica- al mundo de lo contingente, principios emanados del mundo de las ideas.

NOTAS
(1) El pitagorismo defendió la metempsicosis -más como símbolo que como realidad tangible- que es algo muy diferente del reencarnacionismo. En cuanto al budismo, cuando alude poéticamente a algo semejante a la reencarnación se refiere a "cambios de estado". Ninguna doctrina tradicional -ni siquiera en su esoterismo- sostiene la posibilidad de la reencarnación y
buscaríamos en vano, en los textos clásicos, ideas semejantes: con la muerte desaparece el principio del Yo y se produce la disociación de las partes que constituyen la personalidad. Lo que se "reencarna" por así decir, es un principio suprapersonal.
Hoy, por el contrario, en los círculos ocultistas, en múltiples asociaciones, incluso en ramas próximas al budismo, por no hablar de espiritistas, se comparte la creencia del regreso, una y otra vez, del alma a sucesivos cuerpos.